En esta ocasión, las alumnas de Periodismo tuvimos la oportunidad de entrevistar a la destacada traductora y poeta Victoria León. Nacida en Sevilla en 1981, es licenciada en Filología Hispánica y se dedica a la escritura, traducción y crítica literaria. Ha colaborado con revistas de como Clarín, Mercurio y el blog Estado Crítico. Actualmente cuenta con dos libros de poesía, titulados Secreta luz (2019, IX Premio Iberoamericano de Poesía Hermanos Machado) y Flores de fuego (2023). En cuanto a su labor como traductora, Victoria León (en Instagram, @victoriavarela) destaca por una amplia gama de trabajos con una variedad de autores y títulos de gran renombre, entre ellos Oscar Wilde (El retrato de Dorian Gray), Ford Madox Ford (El buen soldado) o John Ruskin (El rey del río dorado). Su trabajo más reciente trabajo como traductora ha sido la Poesía completa de Sylvia Plath (2024).
Como traductora, ¿cuál considera que es el mayor desafío de esta profesión? ¿Tal vez la traducción de grandes autores como Mary Shelley u Oscar Wilde?
La traducción de grandes autores siempre es una inmensa responsabilidad, pero no necesariamente la que entraña una dificultad mayor. De hecho, muchas veces la propia calidad excepcional, la universalidad de la gran obra aflora en la versión de la otra lengua casi con un mínimo esfuerzo y nos facilita el trabajo. Cualquier traductor profesional le dirá que el mayor desafío de la profesión es enfrentarse a una falta de respeto a su labor que, por desgracia, aunque no generalizada, sigue siendo demasiado común.
¿Hay algún autor o autora que le gustaría traducir y aún no haya tenido oportunidad de hacerlo?
No son los únicos, ni mucho menos, pero me gustaría mucho traducir alguna vez a Joseph Conrad y a Walt Whitman.
Al traducir una obra, ¿alguna vez se encuentra luchando contra sí misma por no modificarla en exceso, causando que esta tenga más de su esencia que la del propio autor?
Para mí los límites deontológicos como traductora están muy claros. Jamás se debe traicionar ni el sentido ni el propósito del autor en el texto y se debe ser fiel a su estilo, aunque sobre todo en la traducción poética sea necesario encontrar cierto equilibrio con el propio, pero siempre a favor del autor. Nunca hay lucha ni tentación alguna de alterar la obra original más allá de ellos. Lo que sí puede haber es una gran tensión cuando traduzco a alguien muy opuesto a mi personalidad o a mis tendencias naturales como escritora. Traducir la Poesía completa de Sylvia Plath que acaba de aparecer en Visor, por ejemplo, ha sido agotador para mí en ese sentido. Un trabajo fascinante, porque he aprendido mucho como traductora, pero también agotador por la complejidad que entraña asumir una voz tan distinta a la propia.
Con su primer libro de poemas, Secreta luz, ganó el IX Premio Iberoamericano de Poesía Hermanos Machado. ¿Cómo describiría las emociones de ese momento?
Significó muchísimo para mí, que era entonces una traductora literaria que no acababa de verse a sí misma como poeta y que durante mucho tiempo se había estado expresando a través de las voces de otros sin "atreverse" a emplear la suya. Obtener un premio como ese fue algo tan importante como inesperado que de repente lo cambiaba todo. Siempre estaré agradecida.
En Secreta luz, en el poema de “El silencio”, proclama que “el silencio es el no de los cobardes”. ¿Plantearía esto como una especie de armadura o protección para aquellos que sienten que no carecen poder?
El silencio ha sido muchas veces el lugar donde la libertad de pensamiento no tiene más remedio que esconderse o protegerse de un poder opresivo. Pero en ese poema el silencio del que hablo es otro que no tiene nada que ver. Ahí hablo de un silencio agresivo y cobarde a la vez que es una de las armas predilectas del cinismo.
Escribió parte de su segunda obra, Flores de fuego, durante el confinamiento. ¿Cómo diría que impactó esto en la construcción de la obra?
Fue un momento de soledad, aislamiento e incertidumbre que creo que me empujó a una necesidad de hacer recapitulación, de cerrar un ciclo que había quedado abierto en el libro anterior al mismo tiempo que intentaba poner orden en aquel presente turbulento y mantener la vista en un futuro esperanzado. Lo que he escrito justo después es una poesía mucho más celebratoria que elegíaca y quizá arranca precisamente allí, de aquel momento que me permitió distanciarme y ver de una vez el pasado como pasado.
Al haber ganado un premio con su primera obra Secreta luz, ¿tuvo alguna consecuencia en su proceso de creación que le impidiera compartir sus poemas posteriores con la misma facilidad que antes?
Pasaron algunos meses en los que sí recuerdo que me costó volver a escribir y quizá mientras trabaja en mi segundo libro sintiera en algún momento el peso de las expectativas que suponía el primero, pero no llegó a ser en absoluto un obstáculo, y quizá incluso eso favoreciera una autoexigencia que al final resultó positiva.
El poema “Manual de instrucciones para envejecer” en una reflexión sobre la vejez. ¿Por qué decidiste tratar el envejecimiento desde una visión tan desdramatizada?
Fue un poema que escribí poco después de cumplir los cuarenta y supongo que empecé a verla lo bastante cerca y lo bastante lejos a la vez como para tomármela en serio y permitirme al mismo tiempo esa ironía, porque es un poema irónico desde el título. Tengo la sensación de que vivimos en una sociedad infantilizada que empuja a los individuos a esquivar la verdad, a disfrazarla de un modo voluntarista y bastante poco inteligente si esta no les gusta. Pero las realidades no desaparecen por ser ignoradas. Y la idea que está al fondo del poema es esa. Que envejecer es aprender a no esquivar la verdad y a contemplarla sin que ello nos suponga una frustración o una desesperanza que apague en nosotros el deseo de vivir.
¿Cómo fue el proceso de publicación de los libros? ¿Lo vivió con incertidumbre?
Los dos libros se han publicado en la colección Vandalia de la Fundación José Manuel Lara y he tenido la inmensa suerte de compartir el proceso con su extraordinario equipo de profesionales, desde mi editor, Ignacio F. Garmendia, al diseñador de las cubiertas, el gran Manuel Ortiz, pasando por cada una de las personas que se han encargado de corregir, maquetar, organizar la promoción del libro... No tengo más que palabras de gratitud por el privilegio de haber trabajado y aprendido con ellos.
Al ser poeta y traductora, seguramente
habrá escuchado muchas críticas hacia su trabajo, tanto positivas como
negativas, ¿Existe alguna en particular que le haya causado un impacto tan
grande que no pueda olvidar?
Agradezco todas las que he recibido, pero recuerdo con especial emoción, por su generosidad, por tratarse de dos grandes poetas y por ser las primeras reseñas de mi primer libro, las que dedicaron a Secreta luz Álvaro Valverde en Clarín y Joaquín Pérez Azaústre en El Cultural.
Dentro de todo lo que ha escrito, ¿cuál es la pieza que más te gusta o en la que más inspirada se sentía?
La escritura de mis últimos poemas, aún inéditos, ha supuesto algo nuevo para mí. Han surgido de un proceso muy distinto a los anteriores, creo que más sereno, y quizá por eso íntimamente muy satisfactorio.
Como crítica literaria en revistas como Clarín
o Mercurio, ¿cómo ve actualmente la crítica en España? ¿Siente que
los críticos tienen una influencia positiva en la evolución de la literatura?
¿De qué forma?
En los últimos años casi no he cultivado la crítica porque se han ido sucediendo trabajos de traducción que prácticamente han fagocitado todo mi tiempo y energías. Pero es algo que he disfrutado y que me ha aportado mucho como lectora y como escritora. Me parece una labor necesaria e importante, sobre todo cuando no mira solo al presente y a la continua vorágine de novedades editoriales, sino al pasado, para rescatar cuando es necesario, y al futuro, para actuar como tamiz del tiempo y anticipar la posible lectura que podrá tener una obra más allá de hoy. Quizá ese tipo de crítica se esté volviendo minoritaria y haya perdido el halo de autoridad y prestigio que tuvo en otro tiempo, pero creo que sigue gozando de extraordinarios cultivadores dispersos por todo tipo de medios, desde la prensa tradicional a muchos blogs y revistas digitales.
Entrevista realizada por Ana
Paula Fernandes, Selina Megido, María San José Suárez y Alba Caicoya, alumnas
del Grado en Lengua y Literatura Españolas (Minor en Comunicación).

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