Con motivo de la publicación de su nuevo libro, Lo propio y lo ajeno (Editorial Renacimiento), Enrique Bueres nos habla sobre el proceso que le llevó a escribir esta obra, su trayectoria como periodista y, como veterano en la materia, qué claves y consejos puede ofrecer a las nuevas generaciones. “Hay que entrar en la pastelería y coger el pastel, no quedarse mirando el escaparate. Es como jugar a la lotería, si juegas mucho tienes más probabilidad de que te toque algo”, asegura siguiendo el consejo de un personaje de Georges Simenon.
Has estudiado Filología Hispánica, has cursado un máster en Dirección de Empresas Audiovisuales y otro máster en Gestión Cultural, has publicado varios libros como Crónica de un viaje o Tiempos nuevos, tiempos salvajes y, recientemente, Lo propio y lo ajeno. También has trabajado como periodista cultural en la Cadena SER de Asturias, en La Nueva España, en la revista Clarín, en La Vanguardia y, sobre todo, en Canal+/Movistar+.
En realidad, si por trabajo se entiende cobrar una retribución económica, donde comencé fue en Radio Asturias, donde con 18 años colaboré en un programa llamado AsturCultura. En 1980 se crearon los 40 Principales en Asturias y fui presentador un par de años, de los 19 a los 21, alternando con unos programas especiales: Vespas y Lambrettas, sobre música, y Luces de Bohemia, sobre narrativa. A los 22 años pasé a dirigir un programa nocturno cultural y musical, El expreso de medianoche, también en Radio Asturias, que al parecer fue muy relevante, aunque en aquel momento ni me enteré porque lo compaginaba con los estudios en la Universidad de Oviedo y colaboraciones en revistas, periódicos y agencias de noticias. En el 92 no fui a Sevilla, pero me fui a La Nueva España, que me quedaba más cerca. Compaginé ese empleo con la corresponsalía de Diario 16. Estuve poco más de un año, y ya en 1993 me trasladé a Madrid para trabajar en Canal+ y casarme, todo en el mismo mes. En 2015, cuando Telefónica adquirió Canal+ a Prisa, me integré en Movistar+. Durante los más de treinta y tres años en Canal+ estuve colaborando también con otros medios y revistas, casi siempre con temas de literatura o cine. A principios de 2025 me publicaron Lo propio y lo ajeno. ¡Ah!, y en 2020, quince días antes del comienzo de la pandemia estuve a punto de palmarla, pero como desconocía la gravedad de la dolencia (cardiaca), salí de la operación urgente tan campante. Parece como si las cosas importantes de mi vida no fuesen conmigo.
¿Qué
significó para ti la revista Clarín?
Clarín fue una revista muy importante para Asturias y España durante veintiocho años. En diciembre de 2022 desapareció como fallecen tantas cosas en Asturias, por falta de respiración (económica) asistida. La publicaba y financiaba la editorial Nobel, que era una creación de Graciano García, que fue el gran impulsor de los premios Príncipe de Asturias, luego Princesa de Asturias. Mis colaboraciones durante muchos números en Clarín fueron entrevistas a escritores, bastante extensas y un poco raras, en las que, a veces, las descripciones del contexto ocupaban casi tanto como las preguntas y respuestas. Debería rescatarlas, agruparlas y tratar de editarlas porque puede que tengan cierto interés antropológico, filológico o arqueológico como documentación para alguna tesis doctoral.
¿Escribir Lo propio y lo ajeno supuso para ti un desafío?
En este libro que habéis leído cuento andanzas de comienzos del actual siglo, del 2000 al 2002, y esos textos, esos episodios, ya los había publicado, aunque no exactamente así, en Clarín hace veinticinco años. En 2024, cuando por fin me libré de las “cadenas” de Telefónica, le di forma al libro y busqué editor, que es la fase más complicada del proceso de tratar de llevar un libro a las librerías.
El prólogo y el epílogo están firmados por David Trueba y Pepe Colubi, respectivamente. ¿Qué te llevó a hacerlas partícipes de tu proyecto?
Busqué un prologuista, que es un amigo, David Trueba, escritor y director de cine, y luego otro amigo, Pepe Colubi, me escribió un epílogo que es casi una especie de resumen del libro. Vosotros que sois muy jóvenes, no sé si alguno estudiasteis COU fuera de España, bueno… COU, en fin, quiero decir parte de la ESO o del Bachillerato. Pepe Colubi trabaja con Javier Coronas y Javier Cansado en Ilustres Ignorantes, un programa de humor que lleva casi veinte años en Canal+/Movistar+. Colubi sabe muchísimo de televisión, pero también es un novelista, y muy bueno. Él es de Oviedo, y cuando tenía diecisiete años, en 1982, se fue a estudiar COU (vuestro segundo de bachillerato) a San José, en California. De sus experiencias vitales, musicales, sentimentales y del contraste entre la cultura española de comienzos de la década de los 80 y la cultura americana salió la trama de su novela California 83, que todo el mundo debería leer. Bueno, es muy divertida, yo siempre la recomiendo, sobre todo para lectores jóvenes porque se pueden identificar completamente con el personaje. De hecho, es una maravilla para lectores de cualquier edad, pero claro, si la lees de joven con diecisiete o dieciocho, te metes directamente dentro del personaje, como si fueras un parásito. Está muy bien, muy bien escrita. Alguien debería hacer una película con ella.
¿Te
has encontrado con algún reto a la hora de escribir esta obra que no hayas
tenido con el resto?
Bueno, pues del libro os he contado antes un poco cual es fue su génesis: son textos que escribí en Clarín ya entonces con la intención de unirlos luego en un libro, por eso los capítulos aparecen casi como fueron saliendo en la revista. Había colaborado en todos los números desde 1996 con entrevistas a escritores españoles, pero entonces llegó un momento en el que pensé en probar otra cosas. Estas crónicas culturales de presentaciones de libros, de eventos, de actos, exposiciones, y viajes culturales, etcétera, en un periódico no se pueden publicar. Primero, por la extensión, y segundo, porque en aquellos años, que el cronista se colocase como testigo y narrador tampoco estaba muy bien visto. Ahora es más habitual, pero creo que entonces no. Escribí con total libertad por parte del director de Clarín, José Luis García Martín, que no sé si habéis oído hablar de él. José Luis García Martín fue profesor en la Universidad de Oviedo, ahora está jubilado, pero seguramente se mueve mucho más que cualquier chico de veinte años. Está siempre de viaje de un lado para otro y camina a una velocidad que te quedas pasmado. ¿Cómo un tío de setenta y cinco años puede ir a esa velocidad? Un misterio, y no va al gimnasio. Además, lo ha leído todo y tendrá publicados más de cincuenta libros. Dirige una tertulia, Oliver, creada en 1980. Una tertulia abierta, vas allí, al bar o al ruidoso disco bar donde se reúne con la gente, y no sólo se habla de literatura, sino de muchos otros temas, también de política. Van muchos jóvenes y también gente de mediana y avanzada edad. Yo estuve al principio, en los años ochenta, desde 1980, luego entraron otros, y de ella salieron lanzados al estrellato literario, por ejemplo, Javier Almuzara, José Luis Piquero, Martín López Vega, Xuan Bello, Pablo Núñez… Bueno, muchos escritores de distintas generaciones que han pasado por la tertulia de García Martín. Si tenéis vocación literaria, os recomiendo pasaros por allí, aunque sólo sea a escuchar, sobre todo si tenéis alguna intención de escribir, publicar, etc. También apadrina revistas, como Anáfora, que ahora ha terminado su ciclo, pero pronto va a poner en marcha otra.
Como decía, José Luis García Martín era el director de Clarín, y yo había estado colaborando con entrevistas con mucha libertad, y en un momento dado le dije: mira, Martín, voy a probar otra cosa, voy a hacer crónicas culturales personales. Y me dio el nihil obstat. A los lectores les pareció interesante y divertido y estuve soltando carrete un par de años.
No sé si conocéis a David Trueba o habéis visto sus películas. Ha ganado un montón de Goyas, tiene como doce, es un tío muy inteligente. Firmó el guión de Belle Époque, ganadora del Oscar a mejor película extranjera, dirigida por su hermano Fernando Trueba, Luego dirigió varias películas más. La más premiada es Vivir Es Fácil Con Los Ojos Cerrados, título que procede de un verso de una canción de John Lennon. Os recomiendo La Buena Vida, que es una película de vuestra edad en cuanto a los personajes. Somos amigos desde finales de los años noventa. David también es novelista, publica en la editorial Anagrama, la que censuró la publicación del libro El odio, de Luis García Martín, más conocido como Luisgé Martín. David tiene una novela que también os recomiendo mucho, Abierto toda la Noche.
Hemos visto que mencionas varias veces una cafetería de Gijón. ¿Es en estos sitios donde encuentras la inspiración para escribir tus obras?
Los textos de Lo propio y lo ajeno los escribí en la oficina a ratos libres, hace veinte/veinticinco años. Casi todo lo escribía en la oficina, en casa poco. Y bueno, cafeterías y todo eso sí que voy mucho, me gustan, pero no para escribir, sino para leer. Busco cafeterías más o menos tranquilas en Madrid –cosa que es tan complicado como encontrar un unicornio amarillo que no sea inflable de piscina– y me llevo siempre un libro, un periódico… Bueno a veces tomo notas. Lo que sí que he escrito bastante en espacios públicos es poesía. He escrito mucha poesía, pero sólo he publicado un libro de ese género, Crónica de un viaje, en 1992. También en algunas revistas desde que era adolescente.
Llevas muchos años trabajando como periodista y escritor en el ámbito cultural, por lo que nos gustaría saber tu opinión sobre la evolución que ha experimentado la literatura y la percepción que se tiene de esta hoy en día. ¿Crees que es buena?
A ver… los cambios han llegado en la era digital, no desde que hay Internet, sino sobre todo desde que hay redes sociales y streaming, o como dirían en la RAE, “visualización/transmisión en directo o en continuo”. Eso también se ha reflejado en las obras de creación y, sobre todo, se ha abierto el ámbito editorial a nuevos caminos. Hace veinticinco años casi sólo había una vía para la publicación: escribías algo, por ejemplo, una novela, la enviabas a las editoriales, te decían que no. En algún caso, una de cada cien mil te decían: “sí, vamos a publicarla’’. O si escribías poemas, te buscabas algún editorial y con suerte igual te lo publicaban. O ganabas un concurso literario. Pero desde 2005, mucha gente, sobre todo joven y que escribe poesía o parapoesía, comenzó a recitar sus textos en sus canales de YouTube y eso abrió las puertas a que muchos escritores jóvenes tuvieran seguidores. Las editoriales los han fichado y publicado sus libros. Es algo que también ocurrió en la industria musical. Antes para grabar un disco tenía que ficharte una discográfica, financiar la producción, ir a un estudio y grabar. La digitalización ha abierto muchas maneras de llegar al público, tanto en la música, como en la poesía, la literatura... Luego surgió la posibilidad de publicar libros en Amazon. Si te lo compra mucha gente, te ficha una editorial. Se dicen: “oye, que esta chica o chico ha vendido tantos libros” y, entonces, deciden publicarte el libro en físico con un contrato, un sello, etcétera. Por ejemplo, Javier Castillo, que empezó publicando en Amazon, y como él, muchísimos. El ecosistema digital ha transformado todas las industrias culturales. Creo que no es solo un cambio tecnológico, sino un cambio de contenido. Hay varias novelas, incluso alguna de Julio Verne, que anticipa todo esto de Internet.
Cuando yo comencé a ir a la escuela, se empezaba a los 5 años, no había escuelas infantiles, y se iba con una pizarra tamaño cuartilla, un pizarrín y una especie de borrador. Parece que estoy hablando del Paleolítico y, en cierto modo, lo era. Luego vi cómo llegaba a la Facultad de Filología el primer ordenador. La televisión de mi infancia tenía solo un canal en blanco y negro. Luego crearon otro que emitía unas pocas horas, el UHF. Era un mundo totalmente analógico, muy pequeño, y yo fui pasando y viendo todas esas etapas. Por ejemplo, yo cuando llegué a Canal+, era la primera televisión de pago en España, luego creamos Canal+ Satélite Digital, que emitíamos canales temáticos, pero por satélite. Después ya, cuando Canal+ implantó el streaming en el año 2007/2008, fui el primero al que encargaron, desde la parte de contenidos, la selección de películas... Era el nacimiento del vídeo bajo demanda en España. Antes que Filmin. He vivido una evolución tecnológica brutal, sobre todo desde finales de los años noventa. Antes trabajábamos con fax, y cuando se empezó a utilizar en las empresas el correo electrónico, eso también cambió la manera de trabajar de manera radical. Antes sólo se podían escuchar las emisoras de tu país y, desde que hay Internet, puedes oir emisoras de cualquier ciudad del mundo. Con el streaming empezó el fútbol pirata, las descargas ilegales de cine, música, libros y hasta berberechos, si te descuidas. Internet ha sido muy bueno para unas cosas, pero también muy malo para otras, igual que las redes sociales. Es como un cuchillo, es muy bueno y útil para cortar, pero si lo utilizas para matar a tu padre, pues igual ya no es una herramienta tan bondadosa. Claro que también depende del progenitor que te haya tocado en la lotería de la vida. Son herramientas que no son ni buenas ni malas, depende del uso que les des.
¿Qué medios utilizas para consumir contenido audiovisual?
Uso Spotify de pago desde 2008, pero tengo la aplicación de la BBC que te permite escuchar todas sus emisoras. Los programas de radio siempre te permiten ampliar la visión de lo que escuchar más allá de Spotify. Tengo gustos diversos que van desde el jazz a la música clásica pasando por los clásicos del rock y pop hasta llegar a Jungle, Olivia Dean, Taylor Swift, Dua Lipa, Billie Eilis, Haim, Oracle Sisters, Khruangbin, Joesef, Disclosure… Me gusta la música en general, menos el rock duro y heavy metal, aunque no es que no me guste, sino que simplemente no me ha interesado. En cuanto a cine y series, tengo todas las plataformas que operan en España, excepto, ahora FlixOlé. Creo que estoy en plena inflación de contenidos. Pero cada vez es más complicado ver algo que te entusiasme. Me serie favorita del siglo XXI es Mad Men.
Fuiste al concierto de Taylor Swift...
Pues sí, y ni me arrepiento ni me avergüenzo. Es una gran artista. En 2022 pillé el covid por primera vez en el concierto de Dua Lipa en Madrid. Pero me gustaría ver los conciertos de pop en el Teatro Real, ya que no soy muy fiestero ni bailongo. Conocí a Taylor Swift en 2009 gracias a Miley Cyrus. A mi hijo, cuando era niño, le gustaba mucho Hannah Montana. Fuimos a ver Hannah Montana: la película, en la que también salía en una escena otra cantante joven, y pensé: “Ésta es la artista buena”. Yo nunca había oído hablar de ella, en esa época cantaba country. Era Taylor Swift. En 2010, Hannah Montana actuó en Rock in Río Madrid. Fue cuando hizo el cambio de chica Disney a una versión más “madura” ya como Miley Cyrus. Mi hijo tenía 7 años. Después de esperar todo el día en la solana del descampado de Arganda del Rey, cuando empezó su actuación, ya de moche, ante el panorama del vestuario que llevaba, los bailes y sinuosas coreografías que hacía, etc, mi hijo me dijo que aquello no era para él. Ahí se despidió de Hannan Montana y también, de paso, de Miley Cyrus. ¿Vosotros qué escucháis?
Un poco de todo. Menos tecno, todo.
¿Os gusta el trap? Es que Ernesto Castro, amigo de C. Tangana, escribió en 2019 un libro sobre ese tema: El trap: Filosofía millennial para la crisis en España (Editorial Errata Naturae). Muy interesante. Escribí un artículo sobre él en Clarín. El hip-hop, sin embargo, pienso que ha evolucionado muy poco, aunque tiene letras destacables. En los años noventa fui a bastantes conciertos de hip-hop: Violadores del Verso, Mucho Muchacho, 7 notas 7 colores, El Club de los Poetas Violentos, Solo Los Solo, Mala Rodríguez… No he visto una gran evolución, aunque no descarto que me esté perdiendo cosas.
¿Qué consejos le darías a los jóvenes escritores y periodistas que buscan abrirse paso de la literatura y el periodismo cultural? ¿Algo que tener en cuenta?
Más que consejo, os comentaría mi experiencia. Ya desde niño me gustaba mucho la radio, pero no tenía ningún contacto en ese mundo. Escuchando en Radio 3 el programa que tenía el periodista José Manuel Costa, se me quedó grabado que contó como él había empezado a trabajar en la radio: echándole morro. Como decía un personaje de Simenon, hay que entrar en la pastelería y atreverse a coger el pastel, no basta con quedarse mirando el escaparate. Sí queréis trabajar en un periódico o en televisión, llamad a la puerta. No hay que tener miedo. Los jóvenes siempre son bien recibidos (y, a menudo, bien explotados). Pero quizás encuentres personas de buena voluntad que te quieran dar una oportunidad. Por pequeña que sea, aprovéchala y vuélcate en ella. Ahora para escribir es más fácil con Internet. La autoedición no la recomiendo. Mejor intentarlo con pequeñas editoriales, si es que las grandes no te hacen caso, que es lo más habitual. También hay concursos en los que se puede participar, aunque los más conocidos, y también los menos, suelen estar amañados. Los de poesía, no tanto. Si estáis en Oviedo, una buena manera de entrar en contacto con el mundo literario y de la cultura en general es a través de la tertulia de José Luis García Martin. Aprovechad ser jóvenes para adentraros en esos mundos de la cultura o el periodismo, si os interesan. Cuando metí la cabeza en la radio tenía 18 años y fue gracias a unos amigos que me propusieron que escribiese un artículo para un programa cultural. Poca cosa, pero una lleva a otra. Nunca se sabe. Es como jugar a la lotería: si juegas mucho, tienes más probabilidades. Hay que intentar las cosas, y si no sale, piensa que es porque te surgirá algo mejor. Si os gusta la literatura, intentadlo, aunque creáis que no llegaréis muy lejos, no tiene por qué ser así. Si no es una cosa, saldrá otra. Hay que ser optimista. Siempre.
Entrevista realizada por Pablo de la Vega, María del Mar Rodríguez y Florencia Sánchez.

Comentarios
Publicar un comentario