Ir al contenido principal

Entrevista a Inmaculada Lergo

 

Inmaculada Lergo.


Inmaculada Lergo (Sevilla, 1957) es escritora, crítica literaria y editora, además de doctora en Filología Hispánica. Su trayectoria académica y profesional incluye la docencia en institutos, la Universidad de Sevilla y la Universidad de Piura (Perú). Desde 2013 es miembro correspondiente de la Academia Peruana de la Lengua, y ha participado como jurado en importantes premios como el Cervantes o los organizados por la editorial Hiperión. En esta entrevista hablamos con ella sobre su labor como directora de la revista Entorno Literario, su proceso creativo y su obra poética, con especial atención a su poemario El cuerpo del veneno (2020).

¿Cómo empezó su interés o su gusto por la literatura hispanoamericana y, más concretamente, por la literatura peruana?

Descubrí la literatura hispanoamericana durante mis estudios de Filología Hispánica, gracias a un profesor brillante y que fue además mi director de tesis, Alfonso García Morales. Además, era la época del Boom y leía a todos esos autores. Después conocí a César Vallejo, que me marcó profundamente. Dediqué la tesis doctoral a 110 años de poesía peruana desde la Independencia, y ahí se fue formando un vínculo muy especial con el Perú. Realmente me siento medio peruana ya. Allí me siento muy a gusto y muy en casa.

Ese vínculo personal y literario con Hispanoamérica nos llevó a reflexionar sobre el interés mutuo entre ambas orillas del Atlántico. Analizando su obra y su gusto por la literatura hispanoamericana, nos pareció interesante que desde la literatura española mostramos un gran interés por la literatura hispanoamericana. ¿Cree que ese interés, en el sentido contrario, es igual o muy distinto?

 Me alegra que digáis que hay interés por la literatura hispanoamericana, aunque a veces pienso que no tanto. Creo que en Hispanoamérica hay más interés por la literatura española que al revés. Muchos colegas se sorprenden del desconocimiento que hay aquí sobre su historia, trayectoria y cultura además de los grandes poetas de países hispanoamericanos. Más allá de figuras como García Márquez, Borges, Vargas Llosa, Cortázar, Rubén Darío o Neruda, no se conoce tanto. En cambio, desde países como el Perú, que conozco bien, sí hay un gran aprecio por la literatura española, sobre todo en el ámbito cultural. Creo que en muchos países hispanoamericanos sigue habiendo un problema de identidad nacional aún por resolver pese a los 200 años que hace que son independientes y aunque quedan tensiones históricas por la Conquista, pero en general suelen reconocer el legado español y consideran que se les debería conocer y valorar más en España.

A raíz de ese aprecio por la literatura española desde Perú, quisimos profundizar en cómo se vive, desde dentro, el vínculo entre tradición y contemporaneidad en la poesía de aquel país. ¿Cómo ve la relación entre los poetas contemporáneos peruanos y los poetas más tradicionales como César Vallejo, José María Arguedas o incluso Inca Garcilaso de la Vega? ¿Considera que los poetas de hoy, como usted, se sienten herederos de esa tradición, o buscan distanciarse de ella para explorar nuevas formas de expresión?

Las generaciones jóvenes siempre buscan distanciarse, pero siempre hay un peso que sigue ahí, como el de Vallejo o, en prosa, el de Arguedas y Ribeyro. Con Vallejo, su influencia fue bestial durante muchos años, especialmente en los 70 y 80, cuando hubo una reacción y un despegue. Su lenguaje es tan reconocible que cualquier influencia es difícil de ignorar. A partir de la gran generación de los 50 en el Perú, muchos poetas intentaron desligarse de él, aunque sigue siendo el gran exponente de la poesía peruana. Ha habido una ruptura, pero no la veo tan polémica como antes. Ese impulso de ‘matar al padre’, que ha existido siempre entre generaciones, hoy está más diluido. Los poetas buscan una voz original, pero no con el mismo ímpetu que antes. Ahora se mira más hacia la poesía en otros idiomas, pero sin la polémica de antaño.

¿Cree que quizás la juventud de hoy en día ya no es tan revolucionaria (respecto a literatura)?

Pues no lo sé. En una de las sesiones de la tertulia con José Luis García Martín salió este tema. Él opinaba que siempre hay un espíritu revolucionario, pero José Ángel Cilleruelo expuso una idea interesante: antes, los escritores compartíamos un grupo común de lecturas, pero ahora todo es más plural y disperso, los foros son más amplios. Por eso, quizás ya no hay tanto espíritu revolucionario ni ese impulso de ‘matar al padre’, ni esa necesidad de romper con la tradición, porque hoy pesa menos y al final, la variedad es más accesible.

Precisamente, al hablar de esa diversidad de voces y enfoques que caracteriza la literatura actual, pensamos en Entorno Literario, la revista que usted dirige. Hemos visto que los textos de esta son de diferente tipo. Hay poesía y narrativa, pero también hay literatura científica, crítica y artículos relacionados con el arte y la fotografía. Nos gustaría saber cómo es el proceso de selección de esos textos que conforman la revista, y también preguntarle por el ritmo de publicación, pues nos pareció que el último número había sido en la primavera de 2021.

Entorno Literario ha tenido dos etapas. Tuvo un parón en 2021 y retomamos la publicación en 2023. Surgió como muchas revistas, entre amigos y sin financiación, con el deseo de crear algo que no fuera estrictamente literario, de ahí el nombre. Manuel García, poeta y encuadernador, fue su impulsor. Él aportó ese enfoque amplio, incluyendo no solo textos, sino también tipografía, libros perdidos y el mundo que rodea al libro. De ahí nacieron secciones como la de libros curiosos o 'La caja de Pandora', donde relacionamos literatura con ciencia, música o arte. Tras la pausa por la pandemia, decidimos retomarla con un diseño más actual, incorporando cómic, fotografía y nuevas propuestas. Hasta ahora han salido dos números, aunque el ritmo es irregular por la falta de financiación, algo que también hemos elegido mantener así.

Pero entendemos que el interés en publicar sigue ahí.

El interés lo tenemos, pero ahora mismo el siguiente número, el tercero, se ha quedado un poco parado a la mitad. Ahí estamos.

Tratando ahora sus experiencias personales, nos gustaría preguntarle si ha habido libros o autores respecto a los cuales su perspectiva haya cambiado con el tiempo, para bien o para mal. Si ha habido un cambio de perspectiva a lo largo de los años.

Es una pregunta muy interesante y curiosa, no me había parado a pensar en eso, pero sí, una no es la misma lectora a los 15 que a los 30 o a los 60. Hay libros que me han acompañado desde niña, como El Quijote, y otros que he redescubierto con más gusto, como El árbol de la ciencia, de Baroja. Pero si hay un autor que me ha ganado con los años es Azorín, a quien releo con verdadero placer. También disfruto mucho a Pío Baroja y a Gabriel Miró, aunque esté poco de moda. Con Proust me lancé a leer los siete tomos de En busca del tiempo perdido del tirón, y fue una experiencia fascinante. En cambio, autores como Pereda, que gustaban mucho en mi casa, ahora me resultan demasiado costumbristas y conservadores. Lo mismo me pasa con Pemán o incluso con Hermann Hesse. Reconozco que están bien escritos, pero ya no me tiran. Me sucedió hace poco que, al releer Juegos de la edad tardía de Luis Landero, novela que me gustó muchísimo en 1989 cuando salió, los sentimientos que me transmitió ahora dicha historia fueron de muy diversa índole, a diferencia de lo que me produjo la primera vez. Eso suele suceder.

Hablando de cambios en la perspectiva sobre la lectura y la escritura, una cuestión que preocupa a muchos escritores son los bloqueos creativos. ¿Los sufre usted?

Sí, los sufro, y son muy descorazonadores. Me asombran los escritores prolíficos, porque yo soy muy lenta y machacona conmigo misma. La inspiración a veces llega de forma inesperada —tomando una cerveza o acostada— y hay que salir corriendo a anotar, porque se va en un segundo. La poesía es muy celosa y exigente. Y cuando estás saturada de trabajo, de artículos o conferencias, tu mente entra en un modo que no es el creativo. Entonces te sientas a escribir y la parte creativa simplemente dice: ‘Pues no’.

Siguiendo con su proceso creativo, leyendo su poemario El cuerpo del veneno hemos podido intuir una reflexión sobre todo aquello que uno no hizo en el pasado y que conforme pasa el tiempo va angustiando. ¿Es este un tema que le preocupe a usted personalmente?

Me gusta que hayáis visto esa perspectiva porque sí, efectivamente la tengo, la he vivido y forma parte de mi vida. A veces la vida te lleva por unos derroteros distintos a los que imaginabas, y cuando eres joven no ves que el tiempo se agota. Hacia los 40 empecé a preguntarme: ‘¿Qué pasó con lo que quería hacer?’. Dejé cosas atrás, sobre todo mi escritura, que era una vocación muy fuerte. Después rehaces tu vida, pero miras atrás y piensas: ‘Esto tendría que haber sido hace 20 años’. Esa sensación pesaba mucho cuando escribí El cuerpo del veneno y también El silencio de las jacarandas. Hoy me siento más cerca de donde quiero estar. Aunque uno siempre tiene aspiraciones, llega un punto en el que entiendes que mirar atrás no cambia nada: hiciste lo que pudiste en su momento.

¿Qué consejo nos daría para aprender a sobrellevar esta angustia del paso del tiempo?

No venderse por nada ni por nadie, ni por amor, pasión o familia. Aunque es más difícil cuando se es joven que ya en la madurez, tener esto claro ayuda a equivocarse menos, incluso si eso implica renuncias. Lo importante es ser fiel a uno mismo.

Entonces, siendo fiel a uno mismo se podría decir que hay menor riesgo a equivocarse.

Sí. Eso no significa que no haya sufrimiento o arrepentimientos, porque siempre se dejan cosas atrás. Pero al menos no te habrás traicionado.

En uno de sus poemas, titulado “Suma teológica”, se dirige a Tomás de Aquino. Hacia el final del poema, dice usted: “Pues qué inmensa sería la soberbia de ignorar el latido de la piedra, la prudencia del árbol, el silencio de las fieras, que pasan junto al hombre con cuidado de ser únicamente lo que son”. ¿Considera que, en cierta forma, la creencia en Dios es arrogante?

El ser humano ha mostrado históricamente esa arrogancia, creyéndose hecho a imagen de Dios y, por tanto, especial. Aunque no todas las religiones comparten esta visión —como el animismo o el budismo—, en nuestra civilización actual esa idea persiste. Se refleja en cómo dominamos la naturaleza en toda su amplitud: la vegetación, los animales, lo inanimado, todo. Posicionarse en materia religiosa es algo que molesta, todavía hoy, porque, aunque en principio creemos estar en un mundo que respeta toda creencia y libertades, la realidad es que la religión sigue tocando mucho las fibras sensibles. No soy ninguna militante del anticlericalismo y valoro mucho las bases ideológicas forjadas en Occidente por el cristianismo, pero sí creo que seguimos creyéndonos dueños de todo, y esa es la reflexión que planteo en el poema.

Ahora que menciona usted que el tema podría ser polémico, queríamos preguntarle si usted, cara a la publicación, decide no escribir sobre ciertos temas, por temor a molestar o si, por el contrario, escribe lo que le surge sin autocensurarse.

No me autocensuro del todo, pero es complicado. Me cuesta publicar cosas que sé que pueden dañar a alguien, especialmente si hay personas cercanas que pueden reconocerse en mis textos. En El silencio de las jacarandas, donde cuento prácticamente mi vida de 2010 en adelante, hubo un momento en que, con la maqueta ya hecha, casi llamo a la editorial para frenar la publicación. Desnudarse cuesta. Aun así, me puede la necesidad de compartir lo que escribo. Lo que más me satisface de ser escritora es que alguien, al leer algo mío, pueda vivir una emoción propia, distinta quizá a la mía, pero sentirse identificado. Es curioso porque, aunque por fuera soy muy vitalista, en realidad tengo un pozo de oscuridad muy profundo que aflora en los poemas. Algunas personas que me conocen desde hace años se han sorprendido al leerlos. Y cuando me preguntan cómo es que eso está ahí, suelo responder con frases de autores. Como decía Anaïs Nin: “La poesía es tan sublime que hace bello incluso el dolor”. Y también me siento muy identificada con una frase de Flaubert: “La vida es algo tan odioso que solo se puede soportar evitándola, y se la evita viviendo en el arte, en la búsqueda interesante de la verdad expresada por medio de la belleza”. Esa frase me hubiera gustado escribirla yo, porque me define por completo. Ese equilibrio entre la belleza y el dolor es lo que intento reflejar en mi literatura.

Es decir, que para usted la escritura sería casi como una vía de escape.

En gran parte lo es, sí. De escape y de consuelo.

En relación con esa conexión personal con la escritura, ¿cómo surgió su vocación de escritora y cuándo supo que quería crear algo por usted misma?

Puede sonar a tópico, pero desde muy pequeña sentí una gran pasión por la lectura y ya de chica me imaginaba siendo escritora. Incluso guardo algunos cuentecitos que escribía de niña, con sus tapas hechas por mí y demás. Siempre estuvo ahí. Luego la vida me llevó por otros caminos: estudié mucho, me dediqué a otras cosas, y seguía escribiendo, pero sin intención de publicar, solo para mí y guardarlo en el cajón. Hasta que el sufrimiento fue tan grande que sentí la necesidad de hacerlo. Por eso este primer libro ha llegado a una edad tardía. Me consuela pensar que Cervantes escribió el Quijote con 60 años.

Es cierto, la literatura no tiene edad. Y en cuanto a su infancia, ¿hay algún cuento o novela que recuerde con especial cariño?

Puede también sonar a tópico, pero Corazón, de Admundo de Amicis y también Heidi, de Johanna Spyri, me encantaban. Además de los cuentos típicos, recuerdo especialmente Mujercitas, porque la protagonista quería ser escritora, y yo me veía reflejada. Especialmente a las niñas nos criaban en un entorno muy cerrado, con verdades muy sólidas. Creías que las cosas eran de una forma, pero luego te das cuenta de que no es así. Esos cuentos, muy sentimentales y cursis, formaban parte del ideario de la época.

Para concluir y respecto a su carrera como docente, sabemos que usted ha impartido clases en institutos, en la Universidad de Sevilla y también ha dado cursos en la Universidad de Piura en Perú. Teniendo en cuenta su labor, ¿ha habido un cambio en la recepción de la literatura con la globalización y la creciente influencia de las plataformas digitales?

Sí y no. Aunque sigue existiendo una base canónica, el canon ha ido variando, y lo que más está cambiando es que hay cada vez una mayor dispersión, muy variadas corrientes y diversos cánones. Lo noto menos en el Perú que aquí. Por ejemplo, estoy ahora dando un curso online en la Universidad de Mayores de la Complutense sobre escritores y escritoras españolas contemporáneas, un curso que hace 15 años no se habría dado a nivel universitario. Antes se pensaba que la literatura actual no tenía suficiente perspectiva para formar parte del currículum universitario, pero hoy en día sí se considera. Esa apertura está bien, aunque siempre hay margen para equivocarse, no tanto en lo que es bueno o malo, sino en lo que quedará para el futuro. Antes no se iba más allá de la generación del 27, o ni siquiera se llegaba a ella.

 

Entrevista realizada por Diego Meana Amores, Silvia González Cotarelo y Patricia García García, alumnos del Grado en Lengua Española y sus Literaturas (Minor en Comunicación).


Comentarios

Entradas populares de este blog

Un palique con Enrique Bueres

Con motivo de la publicación de su nuevo libro, Lo propio y lo ajeno (Editorial Renacimiento), Enrique Bueres nos habla sobre el proceso que le llevó a escribir esta obra, su trayectoria como periodista y, como veterano en la materia, qué claves y consejos puede ofrecer a las nuevas generaciones. “Hay que entrar en la pastelería y coger el pastel, no quedarse mirando el escaparate. Es como jugar a la lotería, si juegas mucho tienes más probabilidad de que te toque algo”, asegura siguiendo el consejo de un personaje de Georges Simenon. Has estudiado Filología Hispánica, has cursado un máster en Dirección de Empresas Audiovisuales y otro máster en Gestión Cultural, has publicado varios libros como Crónica de un viaje o Tiempos nuevos, tiempos salvajes y, recientemente, Lo propio y lo ajeno . También has trabajado como periodista cultural en la Cadena SER de Asturias, en La Nueva España , en la revista Clarín , en La Vanguardia y, sobre todo, en Canal+/Movistar+. En realidad, si p...

Sofía González Gómez: entre su carrera de investigadora y la pasión por el periodismo

Sofía González Gómez es asistente de literatura española en el Instituto de Lengua y Literaturas Hispánicas de la Universidad de Berna. Tiene un doctorado en Literatura Española con Mención Internacional y calificación de summa cum laude . Su investigación se centra en la literatura y la historia cultural de la edición en España, especialmente en la prensa y las editoriales de los siglos XX y XXI. Ha trabajado como docente e investigadora en el Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC, en la Universidad de Alcalá y en la Universidad de Graz. ¿Puede contarnos cómo empezó su carrera de investigadora y de escritora? Me gusta escribir, pero lo considero más un hobby. Mi ocupación central es la investigación y la docencia. Empezó cuando estaba estudiando el Grado en Estudios Hispánicos en la Universidad de Alcalá. Allí empecé a familiarizarme con la introducción a la investigación, con pequeños proyectos tutorizados. Después hice un máster de investigación literaria y empecé a tra...