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Ulpiano Lada Ferreras: “El autor no puede limitar la interpretación que los lectores hagan de su obra”

 

Ulpiano Lada. Foto: Servicio de Audiovisuales de la Universidad de Oviedo.


¿Cuántas veces nos sorprende la respuesta sobre alguien al preguntarle con quién le gustaría cenar si pudiera elegir a cualquier persona? Para Ulpiano Lada Ferreras, doctor de la Universidad de Oviedo en el área de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, sería sin lugar a duda el mismísimo Aristóteles: filósofo, científico, maestro de Alejandro Magno y, para nuestro entrevistado, el personaje histórico perfecto para una cena con una larga conversación, preguntas y reflexiones. Estudiantes del grado de Lenguas Modernas y sus Literaturas nos reunimos con el profesor Lada para hablar de la Teoría de la Literatura, la Literatura Comparada, y de esa cena imaginaria que, de poderse darse, resolvería más de una duda sobre la evolución de la literatura.

¿Cuál considera que es el mayor desafío a la hora de investigar sobre algún tema de teoría de literatura y literatura comparada?

Una pregunta ambiciosa y complicada. Hay muchos desafíos, porque la teoría de la literatura tiene unos fundamentos, unas raíces muy antiguas, pero es una disciplina que está en constante renovación y sin olvidar esos principios antiguos, clásicos. A partir del siglo XX se deja influir o aprovecha las disciplinas de otros ámbitos: filosofía, estética, retórica, elementos ideológicos, estudios de la mujer, postcoloniales… Por lo tanto, lo concreto: los desafíos van desde abordar los principios básicos de la teoría vinculados a Aristóteles, hasta ver las relaciones que tiene con aspectos cognitivos o la inteligencia artificial. Todo está vinculado con la teoría de la literatura.

Respecto a la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías, ¿cómo cree que los nuevos medios digitales, como pueden ser los blogs o las redes sociales, han afectado a la forma en la que consumimos y entendemos la literatura los alumnos?

Bueno, esa pregunta podrían responderla ustedes mejor que yo (ríe). Desde mi percepción general creo que el instrumento no es bueno ni malo, depende del uso que se le haga. Se debe hacer un uso responsable y hay que estar formado para hacer uso de esas herramientas, que dan muchísimas posibilidades. ¿Se utilizan siempre bien? No, no siempre. Hay que intentar buscar un equilibrio. (Como anécdota: no dejo que en mis clases se usen aparatos electrónicos, así los alumnos pueden estar más centrados en el propio discurso, y recuperan la habilidad y la competencia de escribir a mano). Se nota el uso inadecuado, ya que los alumnos tienen dificultad para concentrarse en una actividad a partir de un tiempo limitado y concentrase en una lectura, estamos más acostumbrados a lo visual y auditivo, que siempre es menos reflexivo que la propia lectura.

¿Cuál considera que ha sido su mayor logro académico?

Subjetivamente recuerdo mi primer artículo publicado, que para mí significa un logro y una satisfacción ver impreso, y también cada publicación, pero como hito la satisfacción sería el doctorado, después del trabajo de cuatro años, de hacer una investigación, que una persona tiene mucho interés, que le gusta, pero no deja de ser duro. Es muy placentero, y me encanta la investigación, pero también lleva mucho trabajo. Académicamente ser doctor, el hecho de ser contratado por la Universidad de Alicante. Allí estuve once años y me hice también titular. Y, por otra parte, haber vuelto después de tantos años a la Universidad de Oviedo.

Volviendo a la enseñanza, ¿qué cambios ha observado en la manera de enseñar literatura a lo largo de los años y cómo se ha adaptado a ello?

En muchas ocasiones, a regañadientes. Y no voy a decir que no siempre cumplo todo, porque es mi obligación y además soy el director de Departamento de Filología Española y tengo que hacerlo cumplir. Yo sigo un método que en esencia no ha cambiado, porque creo que no pueden cambiar los métodos. Pueden cambiar ciertas formas superficiales, se pueden hacer proyectos de innovación docente, que son aspectos que pueden estar bien, pero en principio lo que se necesita es tener unos conocimientos claros, transmitirlos al alumno, que el alumno lo comprenda y que a partir de ahí demuestre que los comprende en la práctica. Esa base no la he cambiado nunca: comprender la materia, después de comprender la materia con la explicación del profesor, asimilación por parte del alumno, que es el estudio y, a partir de ahí, aplicación práctica de ejercicios con textos, que es donde se demuestra que todo lo que decimos teóricamente tiene una vertiente práctica.

¿Y cómo ha cambiado la enseñanza en general?

Bueno, pues hay muchos aspectos de la neurodidáctica fundamental d que no que no comparto, a veces creo que banalizan un poco el estudio. ¿Saben ustedes esto de la gamificación? unas teorías del inglés, juego gamificación que dicen que el alumno tiene que estar jugando y disfrutando para poder tener un aprendizaje. Hombre, no tiene que ser torturado, pero que sea un entretenimiento para que no se aburra... Creo que por ahí no, por ahí no puede ser. Y algo sí que va por ahí.

¿Cree que los estudiantes de hoy tienen diferentes intereses, actitudes hacia la literatura, hacia las generaciones pasadas?

Hacia la literatura, entiendo que no. Y nos encontramos con que sí hay un interés por la literatura y por los estudios literarios. Hay cuestiones que no cambian. Si nos gusta la literatura y nos gusta estudiarla, no cambia. Hay otros elementos que distraen, siempre los ha habido. Se da también una paradoja, y es que, por un lado, hay alumnos siempre muy bien preparados, inteligentes, estudiosos, pero sí es cierto que veo una falta de formación en aspectos básicos, y yo les digo a los alumnos que no es culpa suya, que ellos son víctimas de una falta de formación que procede de la enseñanza del nivel primario, que hace que en la ESO se llegue con unos niveles que no había, y, como consecuencia, al Bachillerato. Los alumnos buenos lo recuperan, y a los que no son tan buenos, les cuesta más. Las bibliotecas en muchos centros se están eliminando para dar un uso recreativo donde el alumno pueda entretenerse y divertirse, pero además se deshacen de los libros porque no se utilizan. Con suerte se leen en la universidad ahora, y no siempre.

Si tuviese que tomar una decisión para paliar este problema, ¿qué medidas tomaría?

En primer lugar, sin duda reformar y dar contenidos a la educación Primaria, a la base, que se está convirtiendo en muchos sitios en un lugar exclusivamente de recreo, de ocio, y en ocasiones, de mantener “estabulados” a los alumnos mientras sus padres están trabajando. Eso se intenta corregir en alguna medida en Secundaria.

¿Cómo describiría la relación entre literatura y humor? ¿Cree que el humor es un recurso literario infravalorado?

El humor es un recurso muy importante. Existen diferentes formas de enfocar el humor con la comedia, con la sátira, con la parodia. Yo ahora mismo estoy leyendo una novela de Eduardo Mendoza, que utiliza el humor y es un gran escritor para las reflexiones críticas. El humor es muy bueno para la crítica. Estoy pensando en un estudio de la profesora Carmen Bobes, en el que se habla de la falta de humor en la gran literatura hispanoamericana, y se van analizando diferentes obras de autores del boom donde está desterrado. Carmen Bobes interpreta a partir de ahí por qué no aparece el humor en estas obras. El humor es muy importante. Tiene que ser valorado. Hay grandes virtuosos que utilizan el humor en la literatura.

En teoría de la literatura, ¿cuáles considera que son los contenidos fundamentales para una formación sólida? 

En principio lo más importante sería hacer un recorrido por la historia de la teoría literaria, porque allí encontramos los principios básicos, cómo son formulados en Grecia, cómo se mantienen en Roma, cómo perviven en la época medieval, cómo son redescubiertos en el renacimiento, aplicados en el barroco, reinterpretados nuevamente de forma restrictiva en la época neoclásica, etcétera. Bueno, la evolución es fundamental. Que se dijo, cómo se fundamenta y hasta dónde hemos llegado, la revolución que supone el romanticismo y la vanguardia y bueno, luego la serie de escuelas que surgen masivamente. Pero, desde luego, tener un conocimiento histórico básico es fundamental.


Ulpiano Lada, en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Oviedo. Foto: Servicio de Audiovisuales.


¿Cuál son los libros que más le han marcado?

Posiblemente el Lazarillo, el Ulises, Conversación en la catedral de Mario Vargas Llosa, Esperando a Godot de Beckett. Seguro que hay más, pero si me vienen estos a la mente será por algo.

¿Y qué nos recomendaría a nosotras, por ejemplo, estudiantes de literatura europea, sobre literatura o de teoría de la literatura?

Cualquiera de estos libros que les he dicho ahora mismo podrían ser una recomendación. Y, bueno, como introducción a la teoría de literatura, seguro que lo tienen en la bibliografía: la Historia de la teoría literaria, coordinada por la profesora Carmen Bobes. 

¿Qué le motivó a estudiar teoría de la literatura y literatura comparada?

El interés en este caso nace de los profesores. Descubrir en el primer curso de la carrera, en las explicaciones que daba Emilio Frechilla —recientemente jubilado— a propósito de Platón, el entusiasmo que ponía en Aristóteles al hablar de Edipo Rey, fue encontrar un enfoque diferente de la literatura. Se alejaba de los estudios historiográficos centrados en la vida y obra de los autores. Ver la literatura no solo como “este autor nació en este sitio” y explicar la obra en función de su biografía, sino descubrir las posibilidades que están en el texto mismo. Luego, a través de profesores como Rafael Núñez, Alberto Álvarez San Agustín y, especialmente, Carmen Bobes —quien dirigió mi tesis doctoral—, se me abrió un mundo de posibilidades para analizar, escribir e interpretar la obra literaria.

¿Hasta qué punto sigue perteneciendo al autor una obra publicada, una vez que está en manos de los lectores?

No pertenece al autor, aunque tenga todavía los derechos y, durante unos años, los siga cobrando. No, en absoluto. Entra en un circuito comunicativo. Si lo llevamos a un esquema semiótico básico, siempre hablamos de emisor, mensaje y receptor. Y los receptores tienen la posibilidad de interpretar la obra más allá de lo que el autor haya dicho. Yo les digo a mis alumnos: “El autor ya tiene bastante con lo que hizo, que fue escribir la obra”. Si esta tiene múltiples interpretaciones, significa que logró una creación rica, no simple y plana. Si una interpretación no le gusta al autor y protesta, tiene derecho. Se suele decir que el autor es el “primer lector” de su obra, y puede decir: “Yo la interpreto de esta manera”. Pero no puede limitar la interpretación de los demás. Ahora bien, el lector también tiene responsabilidad. ¿Cuál es esa responsabilidad? Interpretar la obra de forma que se ajuste al texto. Porque si no, cualquier obra podría significar cualquier cosa. Pensemos en el Quijote. ¿Creen ustedes que Cervantes pensó en todas las interpretaciones que su obra ha tenido a lo largo de la historia? Imposible. Pero, en cambio, escribió una obra que permitía esas interpretaciones. Ahora bien, hay límites: el Quijote no es La Regenta. No podemos interpretar el Quijote como si fuera La Regenta. La interpretación tiene ciertos márgenes.

¿Qué recomendaría a alguien que quiera iniciarse en la teoría de la literatura?

En principio, que lea obras literarias y que intente dejarse llevar, por un lado, por el gusto, y por otro, por un método. El gusto es libre. Puede gustar Corín Tellado, por ejemplo. Y está bien leer novelas folletinescas. Pero como estudiantes y futuros profesores graduados deben conocer cómo están escritas las grandes obras. Leería obras fundamentales, obras que me gusten. Y, además, comenzaría a leer estudios generales sobre teoría, monografías sencillas, para comprender qué es realmente la teoría de la literatura y en qué se diferencia de la historia literaria.

Si pudiera invitar a cualquier escritor o teórico de la historia a una conversación, ¿a quién elegiría y qué le preguntaría?

Pues sería Aristóteles, y le preguntaría muchas cosas, sobre literatura y sobre otros aspectos. Sobre lo que él dijo, lo que nos dejó escrito. Y me gustaría mostrarle todo lo que se hizo después de él, para ver cómo reflexionaba. Sería una utopía, claro. Pero mi interés no sería hablar con él como interlocutor en igualdad de condiciones, sino para aprender de él.

 

Entrevista realizada por Adriana Doniz, Lara Felice, Lucía Cabal y Esther Gutiérrez, alumnas del Grado en Lenguas Modernas y sus Literaturas.


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