Tino Pertierra (Gijón, 1964) es periodista, escritor y crítico literario y de cine. Se licenció en Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid, y a lo largo de su carrera ha trabajado como director de la revista Cordial, jefe de prensa de diversas asociaciones y delegado de Antena 3 Radio en Gijón. Actualmente escribe para el diario La Nueva España. Ganó en 1996 el Premio Tigre Juan con el libro Los seres heridos y en 2002 debutó como autor y director teatral con la obra Intimidades. Desde su infancia, Pertierra encontró en la escritura su pasión. Con el tiempo, el periodismo se convirtió en su camino profesional, sin abandonar su faceta de escritor y crítico. En esta entrevista, comparte su visión sobre el periodismo, su inspiración a la hora de escribir Los seres heridos y sus influencias literarias y cinematográficas.
¿Qué es lo que le llevó a dedicarse al periodismo?
Algo que siempre me ha llamado la atención desde pequeño era escribir, contar historias. En una libreta escribía las que me apetecía leer, porque escribir era mi juguete favorito. Mi regalo de Reyes preferido fue una máquina de escribir y de ahí salen montones de cuentos. Fue casi una casualidad que empezara a amar la literatura, porque mi hermano trajo a casa una novela “Las aventuras de Tom Sawyer” que encontró en la calle y empecé a leerlo una y otra vez. Y a partir de ahí nació un lector, muchas veces los buenos lectores son el fruto de casualidades, no de planes de estudio ni de obligaciones en el colegio. Evidentemente de escribir no se vive, así que tenía que haber un oficio que te garantizara comer tres veces al día. No me planteé ser periodista hasta que en el colegio tuve la suerte de encontrar un profesor de Lengua y Literatura que veía que mis redacciones eran distintas a las de los demás alumnos. Me dijo que tenía que dedicarme al periodismo, ya que es la única profesión que se parece o que más se acerca a escribir como oficio. De ahí me guio y ayudó para irme a Madrid a estudiar periodismo. Luego empecé a hacer prácticas, colaborar con La Nueva España, en la radio, en diversos departamentos de prensa, y poco a poco me fui metiendo en la profesión. Te da la ventaja de que te proporciona mucha amplitud de miras, conoces a mucha gente, tienes muchas experiencias, no te aburres casi nunca y coges mucho oficio escribiendo, porque un periodista tiene que cerrar a una hora determinada, sí o sí. Un editor se dio cuenta de que yo daba un punto de vista más literario a las entrevistas y los reportajes, y me preguntó si tenía algo escrito que pudiera aplicarse en forma de libro. Así que le di algunos cuentos que dieron como resultado el primer libro de relatos, que me dio muchas satisfacciones, pero no lo he vuelto a leer, me da mucho miedo. Después publiqué varias novelas y por el 2018, se publicó mi última novela para adultos, pero fue muy maltratada por la editorial. Aquella decepción me marcó y desde entonces llevo años sin publicar un libro. Con el tiempo, dejé de lado la parte literaria para volcarme más en el periodismo, que se convirtió en mi principal enfoque profesional.
El periodismo digital está ganando peso en comparación con el papel. ¿Qué le parece este hecho? ¿Considera que el periodismo se puede estar extinguiendo como consecuencia de ello?
El periodismo está en una fase de transición muy importante. La prensa en papel era y sigue siendo en muchos casos una prensa seria, bien escrita y que busca un rigor que ahora muchos medios digitales no cumplen. Se confunde la publicidad con el periodismo, y hay medios digitales llenos de bulos o noticias falsas. Han intentado imitar las formas y las maneras de las redes sociales para ganar audiencia. En las redes sociales, la mayor parte es mentira, mucho más ahora con la inteligencia artificial. Los medios tradicionales debemos luchar contra eso; la gran responsabilidad de los periodistas que todavía respetan su oficio es, precisamente, que el lector que lea esa información sepa que está contrastada y verificada. Que no se dejen llevar por cualquier bulo para ganar una audiencia que no es fiel. El periodismo debe ser algo veraz, riguroso, serio y profesional.
¿Cómo ve la evolución del papel de la mujer en el periodismo, la literatura y los medios de comunicación en los últimos años?
Un ejemplo: hace años era impensable que hubiera en los Goya 4 o 5 mujeres directoras o guionistas que ganasen. Ahora el talento femenino tiene más posibilidades, aunque no todas las que merece. Incluso hay mejores escritoras que escritores en el sentido de género. Poco a poco, son pequeños cambios que marcan una tendencia y solo te das cuenta de su importancia cuando pasa suficiente tiempo. Los periódicos y los medios de comunicación muchas veces trabajan pensando con una mente masculina. Son medios con puntos de vista muy masculinos y bueno, de vez en cuando llega 8M y entonces de repente hay una avalancha de temas femeninos, pero no debería ser así, debería ser algo constante todo el año, algo natural, no excepcional. Yo noto que las chicas llegan más preparadas que en la facultad, también lo notaréis, ¿no? Tienen más interés, están más centradas y preparadas; tienen unos conceptos y unas visiones de la vida mucho más amplias que la de sus compañeros, ¿no? Esto es generalizar, pero es así; también hay alumnos periodistas que no son así, pero esa revolución es, afortunadamente, imparable.
En una mesa redonda afirmó que todas las opiniones merecen respeto, pero no todas tienen el mismo valor.
Lo que
quería decir es que quien vaya al Museo del Prado y se ponga delante de un
cuadro abstracto, por ejemplo, está en su derecho de opinar, puede decir que
ese cuadro es una mierda, y su opinión hay que respetarla, pero no tiene ningún
valor. En cambio, si va un catedrático de Historia del Arte, un artista o
cualquiera que sabe mucho de arte, aunque pueda no estar de acuerdo, su opinión
me va a interesar y tiene valor añadido; sirve para algo porque está
fundamentada en argumentos sólidos. Pasa lo mismo con las películas, si alguien
me dice “la última de los Oscar a mí me pareció una basura”, arguméntalo. Si no
me lo argumentas, tu opinión es respetable, pero no me interesa nada. Los
libros, la música… son todo igual. Si tú respetas mi opinión, yo respeto la
tuya, pero puede no interesarme absolutamente nada. Lo que busco son opiniones
que me aporten algo. Incluso que me hagan cambiar de opinión. Eso es muy
interesante.
En Twitter un periodista criticaba que en un artículo aparecía un chat de WhatsApp, y se refería al artículo 15 de la Constitución, sobre el derecho a la intimidad. ¿Cree que es preciso conocer las leyes y tenerlas en cuenta?
Convendría tener unas nociones de hasta dónde puedes llegar. Ahora, con Twitter, la intimidad ya no existe en muchos casos, pero todo lo relacionado con asegurarse de que no sean calumnias e injurias, o delitos relacionados con la libertad de prensa e información conviene saberlo. Aunque tampoco hace falta que seas un especialista, porque los medios tienen sus propios abogados para decirte si te estás pasando. En realidad, ahora con las redes sociales, si se fuera a los juzgados por todas las barbaridades que se sueltan no habría abogados en paro. En Twitter, por ejemplo, entras y son todo insultos, salvajadas o mensajes deseando la muerte de la gente y como no hay ningún control ya es la ley de la selva. La gente prudente, mesurada y un poco neutral por ahí no se asoma o lo hace por caminos de confianza.
¿Qué tres libros diría que es obligatorio leer antes de morir?
Hay muchísimos, pero te puedo hablar de algunos que me marcaron en su día, casi todos norteamericanos. Mi educación de lectura fue más anglosajona que española. Por ejemplo, Francis Scott Fitzgerald y su novela El gran Gatsby, me marcó mucho en su momento; Truman Capote, que fue un gran periodista, autor de A sangre fría, un libro que debería leerse en todas las facultades, no solo en las de periodismo. Norman Mailer, escribió sobre Kennedy, sobre Marilyn Monroe y sobre la Segunda Guerra Mundial. Hay uno que solo escribió artículos y reportajes, Gay Talese. Y luego otro que sí escribió ficción, Tom Wolfe, que cambió la historia del periodismo. Porque a veces surgen personalidades que cambian las costumbres de las profesiones. En este caso se inventó el nuevo periodismo, porque en lugar de seguir las normas de los periodistas antiguos, se inventó otro tipo de lenguaje, otro tipo de hacer los trabajos, los reportajes, y lo cambió todo.
¿Y películas?
El buscavidas, de Robert Rosen, es la película perfecta. El cine de Stanley Kubrick, de John Ford, Luis Buñuel, Berlanga… La gente asocia al cine clásico al cine aburrido. No, lo bueno del cine clásico es que no envejece salvo en temas de ropa. Nadie lleva corbatas a la altura del ombligo, ni esos looks de los años dorados, pero hay películas de los años 30, incluso del cine mudo, que son más actuales que las que vimos el otro día. Todas las películas que se hacen ahora y las series copian modelos de películas y series antiguas, pero que siguen siendo muy modernas. Todas esas películas las ves, y luego las vuelves a ver dentro de unos años y descubres cosas que se te habían pasado. La mayor parte del cine y las series actuales las ves una vez y no vas a descubrir nada. Hubo una época gloriosa del cine, con grandísimos directores, y guionistas, estrellas...Una etapa que no se va a repetir. Será todo con inteligencia artificial, le dices ‹‹haz una película con Marilyn Monroe, Brad Pitt y Marisol›› y te hará una, y te lo creerás, porque la inteligencia artificial está en pañales todavía, y hay videos que ya te crees. La mayor parte de los escenarios de las películas se harán por ordenador porque será más barato. Si lo hacen con talento, pueden salir cosas muy interesantes. El problema es que el talento cada vez escasea más.
¿Por qué se convirtió en crítico de cine?
Por casualidad. Se dio la circunstancia de que los críticos de cine que había lo dejaron y el director del periódico sabía que me gustaba e iba mucho al cine. A veces tienes que estar en el momento oportuno, en el sitio adecuado; y en ese momento me dijo: “A ti te gusta el cine, ¿no? Pues a hacer crítica de cine”. Me interesaba más el aspecto divulgativo de la crítica que el hecho de opinar de las películas. Y hacerlo desde un punto de vista literario, que la crítica no sea decir solo si me gustó o no, que tenga algo de ejercicio literario, igual que la de libros o de cualquier otra cosa. Las cosas son distintas. Ahora miro la cartelera y no me atrae casi nada. Cuando llegan a una plataforma las veo por curiosidad, aunque casi siempre me alegro de no haber ido al cine.
¿Cuál fue su inspiración para escribir las diferentes historias de Los seres heridos?
Supongo que como siempre, la inspiración viene de lo que observo por la calle, escuchando conversaciones en las cafeterías, en los bares o de lo que veo en películas, series y noticias, además de mi propia inspiración. Luego lo metes todo en una batidora y termina saliendo algo. A veces, incluso las influencias que ni percibes juegan un papel. ¿De dónde surgen esas ideas? Pues nunca se sabe. Muchas de las historias que escribo están basadas en cosas que me pasaron, pero que imagino de otra manera. Un relato surgió a partir de una chica con la que coincidí en un cine en la misma fila y sin nadie más, me pasé toda la película intentando convencerme de hablarle, pero al final, cuando terminó, no lo hice; y yo me quedé con la duda de qué habría pasado si le hubiese hablado. Es curioso cómo nuestras mentes pueden montar toda una película de lo que podría haber sucedido. O en el relato del tren quería mostrar cómo la buena comunicación puede evitar problemas, ya que el chico y la chica sufrieron un malentendido más trágico de lo que debió de ser. Al final, las historias nacen de la realidad o de lo que imaginas, y muchas veces la imaginación es mucho más real que la propia realidad y lo intentas llevar a tu terreno, darle tu punto de vista y hacer algo distinto hasta que te das cuenta de que lo que pensabas que era muy original, ya lo había pensado otra persona antes que tú, porque todo parece estar inventado. Así que cuando hablamos de originalidad, a veces uno se pregunta si realmente hay algo nuevo en el origen y solo cambia la forma de mirar, la autenticidad.
En relación con el relato El domador de palabras, ¿cómo cree que afecta el contenido que vemos a la forma que tenemos de pensar? ¿Cree que podemos hacernos mediocres viendo películas malas?
Yo veo películas malas y algunas me divierten. Lo importante es ser consciente de que no estás viendo una obra maestra. Y hay obras maestras que resultan aburridas porque no tienes edad o preparación suficiente para disfrutarlas. El arte no tiene que ser sólo entretenimiento y dárselo todo mascado al espectador, en los libros o el periodismo igual. Hay artículos que necesitas un poco de preparación y reflexión para entender lo que te quieren decir, en ese sentido el concepto de entretenimiento es algo discutible. A lo mejor me divierto con una película rusa de cuatro horas en la que no se habla nada, pero me aburro mucho con una comedia romántica o una película de acción de superhéroes. El concepto de entretenimiento depende de muchas cosas, no solo la calidad.
¿Cómo nace la historia del microrrelato Los ojos cerrados de la abuela, qué le inspiró?
Está inspirado básicamente en mi abuela, aunque con muchas licencias, y en mí mismo, travestido en la figura de la nieta. De hecho, la historia siguió años después en una novela juvenil que escribí, que también trata sobre la relación de una madre y su hija, que era periodista. En la novela, después de que su madre sufre un accidente y pierde la memoria, le pide que le cuente su vida, porque no recuerda nada. Así que la hija decide investigar como si fuera un gran reportaje, preguntando para reconstruir la vida de su madre. Eso, a su vez, se inspiró en mi abuela, que sufrió un accidente y empezó a sufrir Alzheimer, es como si su vida se hubiera borrado.
Entrevista
realizada por Eliasib Martínez López, Carlota Rodríguez Barbao y Reva Sánchez Larrauri, alumnos
del Grado en Lengua Española y sus Literaturas (Minor en Comunicación).

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