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“Los escritores jóvenes adaptan los géneros tradicionales a las nuevas tecnologías, pero no experimentan con las posibilidades del formato”

 

Paulo Gatica.


El investigador y académico Paulo Gatica Cote conversa con Raquel y Elías Canga sobre el estado actual de la literatura, la influencia de las redes sociales, el papel de la inteligencia artificial y el poder de las formas breves. En esta entrevista, comparte una mirada crítica pero entusiasta sobre los cambios en la creación literaria y reivindica el valor de la curiosidad y la experimentación más allá del libro tradicional.

Raquel Canga: ¿Qué te llevó a especializarte en literatura española contemporánea y en las formas breves?

Paulo Gatica: Yo creo que fue el desafío intelectual y la necesidad de trabajar con algo vivo. Sí bien es cierto que hay literatura viva e interesante en otros períodos, me gusta el cambio, me gusta la novedad y pienso que la época contemporánea me ofrecía ambas cosas. Una vía para investigar cosas distintas y también ver la literatura como algo más que esas ediciones, un poco antiguas, con las que estudié. Y el tema de las formas breves creo que me atrajo por mi faceta creativa, que tiende hacia ese tipo de expresión, y era una oportunidad también para ver cómo funcionaba desde dentro ese género.

Elías Canga: ¿Qué papel desempeña o puede desempeñar la teoría de la literatura para estudiar las formas breves contemporáneas?

P.G: Yo creo que la teoría me ofrece y ofrece a cualquiera un espacio de libertad para pensar, tanto desde dentro como desde fuera de la literatura. Creo que lo que yo observaba es que desde la mirada filológica más clásica las herramientas eran muy limitadas a la hora de analizar un fenómeno que, en mi opinión, sobrepasa la cuestión literaria. Entonces, para estudiar las formas breves, yo tenía que reflexionar sobre qué es la literatura y para pensar qué es la literatura tenía que reflexionar sobre el soporte, y para pensar el soporte tenía que ver también las cuestiones de los nuevos medios. Entonces, la teoría literaria me daba la libertad suficiente para usar metodología y conceptos procedentes de otras disciplinas.

R.C.: En tu carrera académica e investigadora ¿Cuál ha sido el mayor reto que has enfrentado?

P.G: Te diría que en cuanto a envergadura sería la tesis doctoral, pero no por una cuestión intelectual, sino por una cuestión psicológica. Es decir, yo creo que el principal desafío de una tesis doctoral no es un desafío en cuanto a que suponga un problema para llegar a ese conocimiento, no, eso es cuestión de tiempo y esfuerzo y yo creo que todo el mundo lo puede hacer. Es una cuestión más de gestionar las emociones y aguantar esa, como yo la llamo, carrera de fondo a velocidad de sprint que es la tesis doctoral.

E.C: ¿Crees que el aforismo y la literatura breve están ganando relevancia en el mundo digital?

P.G: Si, creo que sí. Por lo menos en cuanto a conocimiento, es decir, yo creo que la gente ya se ha familiarizado más con ese tipo de expresiones porque le resultan mucho más naturales y porque han visto que es lo que practican diariamente, entonces yo creo que no es que ahora mismo la gente vaya a las librerías a coger todos los libros de aforismo, no, no lo veo por ahí, pero sí lo pienso en cuanto a que hay un mayor reconocimiento de que existe una serie de textualidades breves vinculables al aforismo y en el ámbito del aforismo y la brevedad y que existe un público familiarizado, tanto para leerlas y reconocerlas como incluso para lanzarse a escribirlas.

R.C: ¿Qué papel consideras que juegan hoy en día las redes sociales en la producción y consumo de literatura?

P.G: Mi opinión ha ido cambiando como han ido cambiando las redes sociales, es decir, creo que al principio ofrecían una posibilidad de escritura como un laboratorio de escritura en el que tú podías lanzar los experimentos porque te lo podías permitir. Ibas viendo, ibas sondeando en directo el tipo de recepción que esos experimentos tenían. Entonces, como laboratorio de escritura yo vi que al principio mucha gente lo usaba. Ya después, empezó a pasar de eso a un sitio de producción de presencia, es decir, para que una persona sea considerada escritora parecía que tenía que tener una celebridad previa. Ya no solo eres autor o autora, escritor o escritora porque escribas libros y seas conocido por eso, sino porque también tienes un fandom o un reconocimiento público gracias a las redes sociales que hace que la gente te considere como tal. Yo creo que se ha pasado de una fase más de "vamos a experimentar que podemos hacer creativamente" a casi una herramienta de marketing y se posicionamiento en el mercado.

E.C: ¿Cómo ves el papel de la inteligencia artificial en la producción literaria? ¿Puede llegar a escribir buena literatura?

P.G: Esa pregunta creo que es la pregunta que nos estamos haciendo mucha gente. Yo creo que el problema... Veo dos problemas: la cuestión de qué es lo bueno, qué es la buena literatura y la mala literatura, porque existen autorías humanas que producen muy mala literatura y en ese sentido creo que no hay una gran diferencia respecto a lo que pueda hacer una inteligencia artificial, ChatGPT o la que sea. Luego, hay otra cuestión que es que siempre nos hemos ido apoyando para la creación en la cuestión tecnológica. El propio proceso creativo siempre ha sido un proceso en armonía con los soportes y las tecnologías de la escritura y de la creación. No es lo mismo escribir para un soporte que para otro, entonces ya hay un proceso de familiarización y conocimiento de las posibilidades creativas del soporte. Creo que como los cambios se están produciendo a tal velocidad todavía es pronto para determinarlo. No quiero precipitarme en un diagnóstico catastrofista ni tampoco en un alegato tecnofilico de las bondades de esto, sino que creo todavía no hemos desarrollado el tiempo histórico necesario como para entender lo que está pasando y creo que eso tampoco ha dado tiempo a los creadores para ver cómo existen posibilidades gracias a la colaboración de las inteligencias artificiales, que a fin de cuentas es la participación de una tecnología que es algo que siempre ha habido en la historia de las creaciones y del arte. Voy a reservarme el diagnóstico, pero observo que hay posibilidades, aunque todavía no ha dado tiempo a explorarlas en serio.

R.C: ¿Tú crees que puedes llegar a considerar los hilos de Twitter o las publicaciones de Instagram como nuevas formas de literatura breve?

P.G: No sé si como nuevas formas, porque en ese caso también podríamos pensar en la prensa del XIX como nuevas posibilidades para la creación. En cierto sentido lo son, pero no tienen como esa cuestión espuria que a veces se ve en las redes sociales, como si no fuese un soporte literario, y no lo es, pero no todos los soportes literarios lo fueron. Es decir, ¿El grafiti es literatura? ¿El grafiti es arte? Pues es en una pared y ahora hay una consideración artística del grafiti. Entonces, yo sí creo que es literatura, creo que es simplemente la exploración de posibilidades de hacer creación más allá del libro y de formatos tradicionales y además hay creación de calidad, si, incluso si pensáramos en eso que hemos dicho antes de la calidad alta o baja o lo que sea, intentando evitar los calificativos, si considero que hay creadores que han producido obras de interés en redes sociales, en timelines y en diversos soportes.

E.C: ¿Cuál consideras que es la mayor transformación que ha sufrido la literatura en los últimos veinte años?

P.G: La mayor transformación... Yo creo que quizá una de las mayores trasformaciones sea consecuencia justamente de la democratización de los espacios de publicación, de escritura y lectura que ha hecho que muchísimas personas acudieran a la posibilidad de publicar sus textos, independientemente de si luego nos parecen interesantes o menos interesantes sus producciones, pero creo que romper la barrera de cómo era el sistema literario en cuando que tenías que pasar una serie de filtros para publicar ha generado un sistema de producción amateur sumamente interesante que a veces se ha ignorando por una cuestión de gustos o una cuestión snob, incluso, pero creo que todo ese circuito de producción cultural amateur que ha posibilitado su incorporación gracias a las redes sociales a mí me parece que es un factor muy positivo. De todas formas, es una pregunta que requeriría por mi parte más tiempo para reflexionar, pero podría ser eso que digo.

R.C: ¿Considerarías que la literatura sigue teniendo un impacto social tan fuerte como en otras épocas o que ha perdido influencia?

P.G: Lógicamente, la literatura ahora compite con otros sistemas culturales y con otras producciones que no son las culturales. Si lo pensamos en términos absolutos, podríamos decir que sí, en cuanto a visibilidad y presencia en el debate público. Pero dentro de un problema mayor que es el papel del intelectual, es decir, yo creo que la persona de la cultura, la persona del ámbito intelectual ahora tiene otro tipo de relación con el poder y otro tipo de relación con la economía. Entonces, si lo observamos desde ese ángulo yo diría que sí, que se ha visto rebajada en comparación con otras épocas. Aun así, creo que siempre es prudente relativizar nuestra capacidad de influencia, porque a lo mejor nos estamos dotando de un poder que tampoco tuvimos tanto. Diría que comparativamente sí. Es un papel diluido.

E.C: ¿Qué autores contemporáneos crees que marcarán el camino de la literatura española?

P. G: ¿De la literatura española o de la literatura en español? Porque para mí son cosas distintas.

R.C: Digamos la española.

P.G: Esto es difícil de responder, porque aquí me perjudica que yo trabajo géneros minoritarios. Considero que hay una autora, dramaturga, que está ejerciendo, bueno, ha ejercido ya, y se demuestra, tremendísima influencia tanto en la escritura de poesía como en la producción teatral. Me refiero a Angélica Liddell, que ha influido mucho en la juventud creadora tanto en poesía como en teatro.

R.C: ¿Crees qué las nuevas generaciones de escritores están reinventando los géneros tradicionales o que solo los adaptan a las nuevas tecnologías?

P.G: Yo creo que realmente no ha cambiado tanto el uso que le están dando. Es cierto que, claro, están usando otro medio y que por tanto hay otros códigos, otras normas y hay otros efectos, pero no creo que mayoritariamente estén experimentando con las posibilidades del formato si no que están utilizando las redes o los medios digitales para llegar a más gente. No solo para llegar a más gente, sino también para construir esa imagen de autor, de celebridad dentro del panorama literario. Hay muy pocos casos que yo considere que hay verdadera experimentación con las posibilidades de los medios digitales y en ese caso tampoco creo que España sea el sitio de vanguardia. Considero que, dentro del ámbito en español, en México, por ejemplo, se lleva más tiempo haciendo cosas mucho más interesantes con las posibilidades de los soportes que en España, que desde esa perspectiva es un sitio más conservador.

E.C: ¿Cuál ha sido el hallazgo más interesante o curioso en tus estudios sobre la literatura?

P.G: Bueno, yo tengo mucho cariño a un concepto, una idea que es la de la retuiteabilidad, que de hecho se me ocurrió soñando. Esa idea la tuve soñando, me desperté y la apunté en una libretita que tenía al lado. Es un concepto que cree en el 2013, aunque se publicó en el 2014, que es un momento bastante temprano. Me parece que ese fue un buen hallazgo porque era un intento de pensar más allá de la literatura, porque la mayor parte de la reflexión la hice a partir del arte y la estética, de empezar a reflexionar acerca de qué es la literatura o cómo el soporte afecta a la propia idea de literatura.

R.C: ¿Un consejo que darías a un estudiante que quiera dedicarse a la literatura?

P.G: Mi consejo más básico es leer. Quien quiera dedicarse a la literatura tiene que leer mucho. Aun así, diría que tiene que demostrar, o desarrollar mejor dicho, curiosidad intelectual y curiosidad por la cultura más allá de los propios prejuicios, porque la filología y los estudios literarios a veces desarrollan un sesgo y creo que la literatura sirve justamente, al menos para mí, para desmontar sesgos y desmontar prejuicios. Yo creo que leer implica abrirse a la literatura, la cultura y al pensamiento desde una mirada lo más desprejuiciada posible a partir de la propia curiosidad y el interés personal.

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