Flavia Cattoni (FC): ¿Cómo desarrolla usted su propio género o estilo poético-literario y cómo lo ha trabajado en el transcurso de los años?
J. C. Gea: Creo que hay
siempre referencias fundamentales, lecturas que suponen algo así como un
disparo de diamante en mitad de la frente, que te abren de repente un mundo. Me
sucedió con Poeta en Nueva York, que
es un libro que debí de leer en primero de BUP, con 14 años o algo así, y me
dejó noqueado. A partir de ahí me impactaron el surrealismo, André Bretón, las
letras de canciones, me gustaba mucho rock entonces y las letras de grupos como
Pink Floyd también me dejaron la cabeza dando vueltas en aquel momento. Después,
el descubrimiento de la generación del 27 en general, y algunos de aquellos
autores en concreto, como Cernuda en su momento, y posteriormente los Nueve
Novísimos, sobre todo Antonio Martínez Sarrión, que es paisano mío, sobre el
que he trabajado bastante y al que he leído con absoluta devoción desde que lo
descubrí. Todo eso va sumando eso, van sumando influencias, lecturas que
sintetizas de alguna manera, en función también de lo que quieres en cada
momento, porque no en todos los momentos evidentemente quieres hacer el mismo
tipo de cosas o aplicar el mismo tipo de enfoques. Y luego también me ha
influido mucho la poesía en inglés, gente como Auden, como Derek Walcott, como
Joseph Brodsky. Ese tipo de lecturas han ido haciendo el poso. Y al final la aportación
de uno, más que una aportación original, es una síntesis personal de todos esos
destilados. Algunos tienen la suerte de forjar eso que se llama una voz propia,
pero creo que más o menos ha sido así en mi caso, del mismo modo que a partir
de determinado momento dejé de escribir poesía y casi dejé de leer poesía por
completo; no por nada en particular, no fue un alejamiento deliberado, ni una
decisión que tuviera que ver con nada que yo reconozca como consciente. Del
mismo modo que he leído poesía prácticamente toda mi vida, desde que era un
adolescente, dejé de leerla, o por lo menos dejé de leerla con la asiduidad con
la que la leía hace 15 años, quizá alguno más.
FC: O sea que prácticamente su manera de escribir, su estilo, es una especie de mezcla entre lo que forma usted como persona, es decir sus gustos, lo que percibe desde el exterior, un poco…
J. C. Gea: Sí, y a todo eso habría que sumar los discursos habituales que oyes en la calle, el mero hablar de la gente, lo que lees, ensayos, filosofía.. En mi caso la filosofía, por el peso de la carrera que estudié, también ha tenido mucho que ver en cierto enfoque, no filosófico en el sentido fuerte, pero sí teórico a lo mejor. Ese tipo de cosas se amalgaman y al final, bueno, no sé si el resultado se puede llamar un estilo propiamente dicho, un estilo personal. Un estilo supongo que sí.
FC: Ha hablado de filosofía, sus filósofos, no digo de preferencia, pero los que más le impactaron…
J. C. Gea: La culpa de todo la tuvo Kant.
FC: ¿Verdad? Sí. No, la culpa la tiene Kant. Es completamente cierto.
J. C. Gea: Yo tuve un excelente profesor de filosofía, y al final amigo, que ya falleció hace unos años, Rafael García Moreno, al que tuve la suerte de tener como profe en Tercero de bachillerato y en lo que entonces se llamaba COU. Era el tipo de persona que conseguía entusiasmarte, el clásico humanista de amplio rango, que frecuentemente hablaba de cine o de literatura o de la vida más que de filosofía, un poco caótico y desordenado, pero de esos profesores que te sacuden. Con él me pasó un poco lo que decía me pasó con Lorca. Pero la decisión de estudiar filosofía fue bastante repentina, porque yo iba para Filología. Me apetecían Filología o Bellas Artes.
FC: ¿Bellas Artes?
J. C. Gea: Sí, siempre me ha gustado dibujar, y bueno, una de las elecciones era Bellas Artes. Pero en el último momento, en ese trance de tener que tomar una decisión, mientras hacía no sé qué papeleo, de repente decidí que quería estudiar filosofía, y la culpa la tuvo la fascinación que sentí, y un poco también el orgullo, de estudiar a Kant y sentir que yo estaba entendiendo aquella arquitectura, aquella cosa trabada, aquella pieza mayúscula como una catedral gótica de razonamiento que me llevaba de la mano, por muy arduo que fuera, que me hacía ver cosas. Ese tipo de sensación, fue la decisiva. Luego lamentablemente ya no. La facultad, el programa de estudios, era muy irregular y muy caótico, y descubrí mucho menos de lo que quería. Aunque es verdad que gracias a esos estudios me acerqué a otros autores, a otros poetas que me han importado muchísimo, que me influyeron muchísimo, como Paul Valéry y, sobre todo, Rainer Maria Rilke, la Elegías de Duino, que para mí en aquel momento fueron también otra catedral, otra maravilla. Pero al final acabé la carrera, me di cuenta de que no quería ser profesor, que no me apetecía nada la docencia. Y ¿qué va a hacer alguien que ha estudiado filosofía sin docencia? Tampoco quería quedarme en la universidad para investigar, no me apetecía, no me gustaba el mundo universitario. Pero bueno, lo que sí creo que saqué de ahí es un poco lo que he comentado antes, una especie de arsenal, o de actitud, o de clave o forma de construir las cosas o de ver las cosas, que sí que ha tenido mucho que en todo lo que he hecho luego. He utilizado mucho ese arsenal incluso en el periodismo o escribiendo sobre arte. Es una especie de soporte, de mochila, de la que he ido sacando cosas que me han servido mucho.
FC: ¿Cuál considera que fue su mayor inspiración y por qué? Pero deduzco también que fueron efectivamente estos grandísimos nombres que le formaron un poco y que le empujaron hacia lo que viene siendo su recorrido, ¿no?
J. C. Gea: Sí, sí. Pero en general diría que el elemento que siempre me ha inspirado en sí mismo, mucho más que los objetos sobre los que he escrito, es el lenguaje poético mismo. Lo que más me inspira es el contacto con el lenguaje, la construcción, el trabajo con el lenguaje. Para mí el hecho fundamental es que, al ponerte a trabajar sobre esos asuntos, al ponerte a escribir sobre ellos, eso alimenta el lenguaje. El lenguaje empieza casi a tirar de ti, a hablar por sí mismo, a utilizarte. Te sientes utilizado de alguna manera, te sientes ya sumergido en el lenguaje que estás utilizando para escribir el poema. Entonces, la mayor inspiración, la potencia para trabajar, la que te empuja hacia un objetivo, es el propio contacto con el lenguaje, esa pelea, esa especie de trato íntimo con el lenguaje que te envuelve, te obsesiona hasta el punto de que vas por la calle con su música, como cuando no te quitas de encima la típica canción pegajosa. Es la propia experiencia de la escritura la que más me inspira, más que un motivo externo. El motivo externo, digamos, es el dispositivo, el detonante, o el starter que pone en marcha todo lo que viene después.
Lucas Calleja (LC): ¿Qué fue lo que más te movió a investigar un tema como el terremoto de Lisboa y a partir de ahí crear un poema?
J. C. Gea: Pues, una experiencia, como casi siempre, una experiencia directa. Una experiencia banal, entre comillas: el hecho de haber ido a Lisboa en un viaje en el que, por cierto, al regreso nos encontramos con García Márquez y Carlos Fuentes en el aeropuerto. Era un mes de noviembre, un día así como hoy, con niebla, la niebla del Tajo que sube más de noche. El centro de Lisboa, la Baixa, está en un valle entre dos montes y hay un elevador que construyó Eiffel, o diseñó Eiffel, que sube desde la Baixa hasta el Chiado, uno de los barrios altos. Fue tan sencillo como la experiencia de subir en aquel elevador precioso y al salir encontrarte con la Iglesia del Carmo, o más bien sus ruinas, el costillar de la iglesia, lo que quedó de la iglesia después del terremoto. Bellísimo. Imaginaos: de noche, con niebla, con la luz que venía desde detrás de la iglesia, los contrafuertes al aire, los arquitrabes flotando ahí en el aire entre la niebla. Fue como una visión mágica de las que se te quedan en la cabeza. En aquel momento no pensé en escribir nada ni me la traje de souvenir. Pero te queda ahí dentro. Eso es muy frecuente. Las cosas fermentan dentro al cabo de mucho tiempo. El poema se me ocurrió después, acordándome o pensando en el impacto que me causó aquella visión, pero también con una pregunta muy filosófica, de nuevo la malformación de la carrera. ¿Cómo es posible que un hecho tan terrible sea capaz, o haya sido capaz, de generar al mismo tiempo alguna forma de belleza? Estuve dándole vueltas a eso durante muchísimos años, 10 u 11 años, en realidad, porque es un proceso muy lento; las cosas, como decía antes, van creciendo, van rebotando, va habiendo coincidencias que a veces son casi paranormales. Lo que me llevó al interés en el terremoto fue todo esto: una experiencia personal una reflexión más filosófica sobre ella y una serie de coincidencias y de casualidades, de cosas que van surgiendo colateralmente y que al final, pues eso, te llevan por caminos que no hubieras pensado inicialmente, ni mucho menos.
LC: Porque, por ejemplo, el proceso para escribir algo como lo que tú escribiste, o algo en general, una obra en general, suele ser bastante largo, y suele llevar mucho…
J. C. Gea: Hay de todo. Hay gente que me sorprende siempre por su rapidez. En mi caso es también una dualidad. Cuando he trabajado como periodista he sido rapidísimo. El periodismo lo impone. Era excepcionalmente rápido, y no lo digo como un elogio. Incluso en el periodismo hay gente que le da una vuelta más a lo que hace; yo escribía como una moto, en definitiva. Y todo lo contrario, con la literatura. Para escribir poesía o para escribir otro tipo de textos literarios soy excesivamente lento. Soy maniático, soy pijotero, soy obsesivo, pulo, pulo, pulo y repulo y tengo 600 versiones de cada párrafo, cuando escribo poesía en particular. Con el ensayo soy un poco más eficiente. Pero para la poesía soy extremadamente inseguro.
Sofía Roldán (SR): La tercera pregunta que tenemos es si tú consideras que tu estilo es único y cuáles son las herramientas que permiten que este estilo sea único o que no lo sea.
J. C. Gea: Lo que os decía al principio creo que lo responde. Es único en el sentido de que el destilado es único por la combinación de influencias, de elementos azarosos que se puedan sumar, de materiales y demás. A lo mejor el resultado de eso es además un estilo. Me preocupa encontrar el resultado o el producto, los procesos. Si soy identificable o no, si la voz es propia o si no lo es, la verdad es que no me preocupa mucho. Yo sé las voces que oigo en mí.
SR: También tenemos una pregunta que es si tú consideras que tu forma o manera de escribir está enfocado a un tipo de público específico, o es más general...
J. C. Gea: No, tampoco me
preocupa. Quiero decir, en cuanto a la poesía; el periodismo es completamente
distinto. Aunque creo que ni en el periódico, y eso probablemente hable mal de
mí como periodista, me ha preocupado un gran cosa acomodar el lenguaje a las
expectativas estadísticas, digamos, de un lector, un tipo de lector determinado,
un tipo de lector medio, que al final es también es un lector inventado. A
veces, en el periodismo nos justificamos muchas cosas apelando al lector cuando
en realidad ese lector no existe o no es como quisiéramos que nos justificase
el texto. Nada de eso me preocupa. Lo que me importa no es un tipo de lector en
particular, sino en mantener, digamos, la atención del lector, de cualquier
lector, incluso cuando pudiera estar medio aburriéndose con lo que he escrito:
que haya algo, que haya algún enganche, y eso depende a veces de recursos que
no tienen que ver directamente con lo que entendemos convencionalmente como
recursos de la poesía, sino con la ironía, con un toque de humor, con un toque
cotidiano, una imagen inesperada por cotidiana o prosaica.
J. C. Gea: No es un
conflicto al que me haya tenido que enfrentar, pero entiendo que en determinado
momento, incluso grandes escritores, como pasa también con muchos grandes
artistas plásticos, descubren, digamos, la tecla, descubren el misterio para
conectar con sus receptores y, bueno, no voy a decir necesariamente que se
estancan, pero sí que dejan de tener una cierta inquietud, que renuncian a
explorar otro tipo de caminos o lo que sea. Lo entiendo, lo entiendo muy bien,
pero claro, lamentablemente no me he visto nunca con ese tipo de presión por la
expectativa de ser fiel a un cierto tipo de lector. He trabajado siempre con
una libertad absoluta. No me he sentido presionado nunca. No solo no he sido ni
fiel, sino que en todo caso he sido infiel. Infiel porque siempre me las he
apañado para encontrar algún tipo de alternativa completamente distinta a lo
que estaba haciendo hasta ese momento; a lo mejor había un ciclo, tres o cuatro
cosas que trataba más o menos de la misma manera durante un tiempo, pero que
luego abandonaba para dedicarme a otra cosa completamente distinta.
LC: ¿Cómo se podría hacer para que la literatura fuera más llamativa, más atractiva para aquella parte de la sociedad o aquellos jóvenes, aquella gente que no se interesa absolutamente en nada por ella?
J. C. Gea: No lo sé. Habría
que tirar no menos de 60 bombas atómicas y empezar otra vez, recorrer todo el
camino desde los sumerios hasta ahora en la escritura... Soy muy pesimista con
eso, terriblemente pesimista. El tipo de referencia que puedo tomar es el de
los últimos años que estuve en prensa, y lo que detectaba es el modo en que
nosotros mismos, los periodistas, medíamos, digamos, el éxito, entre comillas,
o la eficiencia de una noticia; y la eficiencia de la noticia en ese momento ya
--y os estoy hablando de hace 5 o 6 años-- se basaba por ejemplo en el número
de retuiteos o en un tiempo de permanencia en la noticia que excedía de unos
cuantos segundos de lectura. Es una cuestión de formato, de tiempo, de medio,
de permanencia en un tiempo determinado de lectura, de la capacidad de seguir
un discurso que vaya más allá de los caracteres que caben en un tuit, que es
otro tópico, pero es absolutamente verdad.
SR: Claro, es que de aquí también viene el pensamiento crítico que tenemos ahora nosotros. Que mucha gente a nuestro alrededor no tiene una opinión crítica sobre ningún tema, porque tampoco les interesa tenerla.
J. C. Gea: Es que no hay una opinión, o digamos, una opinión crítica. O la que hay está tan visceralmente construida, tan basada en lo emocional, tan basada en cosas como el grupo con el que te identificas o al quieres pertenecer, el prejuicio la confirmación de tu prejuicio que está confirmando una noticia. Son mecanismos muy viscerales, muy básicos y muy poco reflexivos. Pero tampoco quiero hacer aquí una especie de crítica general, pero creo que ahora mismo muchos jóvenes no saben leer, no leen, no razonan Y no solo los jóvenes. He visto evoluciones en personas de mi edad, personas incluso lectoras e informadas, que pierden por completo la capacidad de reflexión. No sé si la solución tiene que venir de un colapso. Si no se tiene la capacidad de manejar el lenguaje, el lenguaje escrito y el lenguaje hablado, se está renunciando a una parcela esencial de autonomía, de libertad, de capacidad crítica. De capacidad de vivir. Estás en manos de quien maneje el lenguaje, de quien maneje los medios. No tienes ninguna capacidad de resistencia.
FC: Efectivamente los jóvenes o las generaciones más próximas han dejado de utilizar la literatura como medio y estamos estudiando que la primera forma de literatura que ha empezado a perderse es efectivamente, la poesía. ¿Por qué escogiste utilizar la poesía para tratar unos determinados temas? Como podrían ser, por ejemplo, los temas históricos. ¿Consideras que es la mejor herramienta para tratar estos temas?
J. C. Gea: No hay temas poéticos y temas no poéticos. Todo absolutamente es susceptible de ser tratado desde la poesía.
FC: ¿Por qué razón has escogido utilizar la poesía para tratar hechos, como por ejemplo el mencionado Terremoto de Lisboa?
J. C. Gea: Mi intención no era hacer un ensayo más o aportar nada desde ese punto de vista, sino desde la raíz de la experiencia personal y desde el tipo de juego y de enfoque que te permite la poesía y no te permite otro género. Al final, de hecho, el libro es una defensa de la poesía. El tema histórico se convierte en una defensa de la poesía en el sentido de que la poesía tiene la posibilidad de salvar o de hacer o de construir algo bello a partir de lo histórico: algo bello o algo que transmita una serie de emociones o de tensiones o de dinámicas a partir de cualquier cosa. En este caso a partir de un hecho histórico.
FC: Por lo cual, ¿es justo esto lo que hace que su estilo sea único o que su intención pueda ser única? La cosa, la intención de no hacer algo más. Vamos a ver, en el contexto español, en el contexto de la poesía española que yo conozco, hay relativamente pocos poetas que hayan utilizado la poesía para tratar este tipo de temas.
J. C. Gea: Es así. Sí que hay algunos que han utilizado
frecuentemente hechos históricos o temas aparentemente extrapoéticos como base
de su poesía, o temas políticos o temas del momento. Pero lo habitual en España
es una poesía muy enraizada en el yo, en los sentimientos, en la vida
cotidiana, en lo que uno experimenta en su mundo estándar, en el mundo medio. A
mí me parece que la poesía puede hacer más que eso. No es un acto de chulería ni
se trata de demostrar nada; pero bueno, me apetecía decir “por qué no vamos a
entrar en un tema como el terremoto de Lisboa desde la poesía”. No es la
primera vez. De hecho, uno de los primeros productos, uno de los primeros hitos
culturales que provoca el terremoto de Lisboa es un gran poema de Voltaire. Es
decir, que hay antecedentes. Y luego, en otras tradiciones poéticas es mucho
más frecuente utilizar la poesía para acercarse a ese tipo de hechos
históricos. Auden, por ejemplo, lo hace, o Brodsky lo hace, o Walcott. En todo
caso, ya no sé hasta qué punto se diferencia en esos temas lo personal de lo no
personal. En todo caso, no es la tónica ni muchísimo menos en la poesía
española.
SR: Vale, sobre la parte periodística, la primera pregunta que yo haría es: ¿Cómo decidiste empezar tu carrera periodística?
J. C. Gea: No soy un periodista vocacional, no he recibido llamadas, no he oído voces. Fue todo un poco a base de azares, un poco lateral y de repente, sobre la marcha. Sí que me interesaba mucho la música, como decía antes, y ese interés me acercó al periodismo. Pero sospecho que nunca he sido periodista, de hecho. He trabajado como periodista, he escrito como periodista, y mucho, pero no tengo las pulsiones del periodista. Me daba cuenta al tratar con periodistas de raza, gente vocacional de verdad, que tiene un tipo de actitudes, un tipo de disposición, que yo no reconozco en mí. No creo que fuera un mal periodista, pero no era un periodista. Un poco paradójico, pero sí, algo así.
SR: ¿Y te costó hacerte un sitio en ese mundillo cuando empezaste?
J. C. Gea: No, no. También depende que entendamos por “hacerse un sitio”. Desde el primer periódico en el que trabajé, he tenido suerte. Estaba entre amigos. La redacción era relativamente pequeña y nos conocíamos todos. No había que sacar codos ni pelear con nadie para tener tu posición y tu cometido en el periódico. Y luego en redacciones mayores, tampoco me preocupó gran cosa. Yo quería simplemente hacer mi trabajo, cubrir lo que tocara cubrir y escribirlo lo mejor posible,.precisamente por el prurito de la literatura. Pero es verdad que es un mundo con muchísima precariedad históricamente, y ahora me imagino que más todavía. Y sí, es frecuente que haya que ganarse las posiciones a base de mucho machete. Pero yo realmente no lo he vivido, o solo en momentos muy puntuales y de manera muy anecdótica. Una de las fortunas profesionales que he tenido en prácticamente todas las redacciones en las que he trabajado es que la relación humana ha sido extraordinariamente buena. Pero comprendo que hacerse valer en otros casos puede ser muy duro.
A mí lo que me interesaba de escribir en un periódico era eso: escribir. El hecho mismo de escribir, la experiencia de escritura y en cierto modo una experiencia literaria. Y eso ya te gratifica en sí mismo. Mejor aún si además, una información tuya, como un poema tuyo, o un texto tuyo de la naturaleza que sea, tiene una respuesta favorable y notas que llega a su lector, notas que funciona. Mola por la vanidad elemental que todos tenemos, siempre es gratificante que te pase eso, pero sobre todo porque hay un receptor, un destinatario que está recibiendo eso y que procesándolo. No siempre sucede, claro. Hay algún poema mío, un poema-libro en concreto. Occidente, por ejemplo, al que dediqué también un montón de años y escribí simultáneamente, durante una temporada, con el Temblor, que me gustaría que hubiera tenido alguna repercusión más. No tanto por esa vanidad de la que hablaba como por el hecho de que yo sentí que en ese momento estaba diciendo ahí algunas cosas que importaban. Me hubiera gustado que tuviera un poquito más de repercusión, que hubiera generado un poquito más de ruido: no en el sentido mediático, o en el sentido de que vendiera un huevo, sino en el de la retroalimentación.
FC: Y acerca de este discurso, para conectarnos también a la pregunta anterior que hizo Sofía. ¿Le ha pasado alguna vez de aplicarse, trabajar en una noticia y que, por una razón u otra, el periódico escogiese activamente de no publicarla? Por razones, también por conectarnos a lo que dijo Lucas, igual políticas.
J. C. Gea: No, no. Una vez y
solo una, con una información ya publicada y conjunta, éramos dos firmantes,
que provocó una reacción, un toque de atención hacia la jefa de sección, por
parte de la dirección del periódico. No supe claramente el motivo, pero supongo
que fue porque tocaba a una entidad bancaria potente… y anunciante. Debió haber
bronca o algo de eso. Pero tampoco una cosa excesiva, fue más bien una
advertencia en el sentido de ser un poco cuidadosos al hablar de ella. De todos
modos, es habitual que sucedan cosas así: un periódico que al final es un poder
y está sumergido en una malla, una red de poderes contrapuestos con los que
tienes relaciones de afinidad, de dependencia económica a veces, de oportunidad
política, mil cosas. El gobierno del momento es afín a un periódico, a la línea
de un periódico, o el periódico se pliega a esa afinidad porque le conviene y
porque estratégicamente es más oportuno. Ese tipo de juegos es habitual. Y
supongo que sí, que a veces hay informaciones ante las que se puede decir a un
periodista:«No, esto no». Pero no he vivido nunca una situación en la que se
llegue al extremo de que tú tengas el trabajo ya hecho y se te rechace. El
proceso si se aborta, se aborta mucho antes, cuando tú propones el tema y te
dicen «no». Evidentemente, ha pasado y pasa constantemente en las redacciones,
pero yo he trabajado con muchísima libertad siempre. Y sin directrices.
FC: Pero independientemente, como tú has dicho, por mucho que no te haya pasado aquí, igualmente sigue habiendo bastante censura acerca del discurso del periódico.
J. C. Gea: Hay muchos tipos de censura. Autocensuras, anteojeras, elegir la parte de la realidad que quieres ver y no ver otra, o extremar una parte de lo que ves y minimizar otra. Hay muchas maneras de ocultar o de regular la información que finalmente tratas o no tratas, la información que sale o no sale publicada. No tanto censura como tal, una palabra que es un poco fuerte en este momento, pero bueno... sí control de la información.
SR: Vale, y hemos hablado de que te lo pueden abortar antes de estar publicado y que hay veces que también te lo cancelan por decirlo de alguna manera una vez ya está hecho el trabajo. Pero, ¿tú consideras que cuando entras a un periódico te condiciona a la hora de escribir lo que tú quieres?
J. C. Gea: Vamos a ver: sí
desde el punto de vista, por ejemplo, de alguien que viene de literatura y de
lo que hablábamos también antes en términos de estilo. En ese caso, tú ya sabes
que cuando manejas o tienes que manejar el código del periodismo hay una serie,
digamos, de renuncias, entre comillas, o de autolimitaciones y no me refiero a
autolimitaciones políticas o ideloógicas, sino de lenguaje, de código, de puro
código, que tienes que asumir. Nunca he tenido que ser el periodista que busca
noticias debajo de los ladrillos, que cultiva sus contactos, que tira de hilos,
y eso me daba una cierta libertad: escoger si lo cuentas de la manera más
ordenada y estándar posible, ciñéndote a tu pirámide de la información, o darle
un toque, una vuelta narrativa, una vuelta personal; escoger bajo qué luz
describirlo. No siempre es posible, claro. Hay cosas que no se dejan contar de
esa manera y tienen que ser contadas construyendo un texto informativo
convencional, y al revés, hay otras en que te piden una crónica o una contracrónica
con un sesgo personal. Este último era el tipo de cosas que más hacía cuando
cubría cultura, y alguna vez política: tratar de otro modo la estructura de la
información, empezando por donde no te lo esperas, con un toque narrativo pero
sin alterar los hechos. Los hechos son los mismos, pero tú los puedes
construir, como diría, en términos cinematográficos como haciendo un montaje
distinto de una misma toma.
LC: Bueno, ya como que vamos a hacer dos preguntas más y lo daríamos como un poco por terminado entonces ¿te ha sido fácil como alcanzar los objetivos que tú tenías en una base profesional y que si alguna vez has tenido alguna dificultad ¿qué obstáculos has tenido que superar para llegar al punto que tú querías?
J. C. Gea: Es que mi relato
profesional no se se ha construido a base de objetivos. Muy frecuentemente el
modelo o la estructura que se ha repetido en es que tú estás haciendo algo en
lo que te sientes cómodo y bien, y sin que tú te hayas movido ni lo hayas
buscado, alguien aparece y te ofrece otra cosa distinta. He sido siempre
redactor, redactor de batalla, pero en algún momento alguien me dijo:«Oye, ¿por
qué no te planteas promocionarte para hacer algo más en el periódico?». ¿Para
una jefatura de reacción? No me interesa. A mí lo que me gustaba era salir a la
calle y contar las cosas. No he tenido más objetivos ni, por lo tanto, he
tenido especiales dificultades en ese sentido. Las dificultades han sido más
bien las del oficio mismo. El metabolismo, la dinámica del oficio de periodista
es muy exigente, mucho. Todas las leyendas sobre lo absorbente, lo invasivo y
lo tóxico que puede llegar a ser el oficio del periodismo son verdad, y ahora
puede que incluso más. Son muchas horas, mucha presión, mucho cansancio mental.
Hay algún momento en que te sientes secuestrado mentalmente, sientes que tu
cabeza no es tuya. No tienes tiempo para otra cosa, no tienes tiempo para
sentarte con cierto silencio y leer. Cuando dejé de trabajar en el periodismo
diario fue en buena parte, porque quería ver crecer a mi hija… Claro, la veía
por la mañana cuando la llevaba al cole,
un momento a la hora comer, y eso ya era una suerte, porque yo podía comer en
casa. Cuando llegaba a casa, muchas noches ya a medianoche, la niña dormía. Las
únicas dificultades que haya podido tener han sido las de soportar en
determinado momento ese tipo de vida.
LC: Bueno, con esto ya lo daremos por finalizado. ¿Qué consejo le podrías dar a alguien que se esté planteando ser periodista, artista o escritor en cualquier ámbito? ¿Qué consejo le podrías dar en base a día de hoy a esa persona?
J. C. Gea: La tenía
prevista, pero no la tenía preparada. El elemental. Sal de las redes.
Presérvate. Más que salir,
presérvate de las redes. Lee si quieres ser periodista, si quieres ser escritor.
Ve mucho arte, si quieres ser artista. Infórmate a conciencia. No te conformes
con fragmentos. Sé que las redes están en el mundo y que las usamos también; no
soy un pureta en el sentido de proponer que se arranquen los cables. Pero
personalmente, aunque no estoy contra las redes, me niego, no quiero. Hay
muchos motivos y cada día hay más. Es una cuestión hasta política. Pero sobre
todo, mi consejo sería: aunque no estén en uso, empápate de los códigos, de los
lenguajes, de las maneras de hacer y de las personas que están haciendo aquello
que tú quieres hacer. Y básicamente lee, lee, lee. Incluso para un artista
plástico: lee. Si no consigues concentrarte, lee. Ve a una terapia, hazte
budista zen, lo que sea, pero lee. Creo que lo básico es estar en contacto con
el lenguaje. Depende absolutamente todo de eso. Todo, absolutamente todo. Y en
el caso del periodismo, no se me ocurre ahora mismo tampoco cómo preservarse de
las redes, cómo darle la vuelta a eso. Por mi parte, estoy mejor ahora,
dibujando.
Entrevista realizada por Flavia Cattoni, Lucas Calleja y Sofía Roldán.

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