Rafael Núñez Ramos, profesor de la Universidad de
Oviedo, aborda en esta entrevista su trayectoria en el Área de la Teoría de la
Literatura y la Literatura Comparada, el futuro de la misma y la literatura
entre los jóvenes
¿Hay algún libro que le haya marcado en su trayectoria
profesional?
Muchos libros. Uno en especial, de antropología, lo que permitió que ordenara mis ideas y lo tuviera todo mucho más claro: Pasos para una Ecología de la Mente, Gregory Bateson, que curiosamente me lo enseñó un alumno que a lo mejor fue profesor vuestro [...] Me dio sobre todo la idea de la literatura como un juego, y me permitió entender muchas ideas que antes afirmaba de una forma más suelta. Otro importante fue El silencio de los poetas, de Alberto Pimenta, que plasma la idea de que la literatura no es un uso del lenguaje convencional, sino que es creación de lenguaje. Como las metáforas, que son creación para expresar lo que todavía no ha sido expresado y, cuando se repiten, se institucionalizan, pasan a tener un significado fijo, abstracto, y pierden toda la potencia de su momento originario, su fuerza evocadora.
Con respecto a la teoría de la literatura, ¿tiene algún
libro que considere un referente si alguien deseara comenzar a estudiar esa
área?
Tendría que pensar… recuerdo por ejemplo un libro de teoría de la literatura que me fue muy útil cuando empecé. Pero, ahora mismo no veo la teoría de la literatura, sino aspectos concretos de ella. Igualmente, considero que las teorías de la literatura, en sí, están limitadas. A mí me gusta relacionar más la teoría de la literatura con la estética, con la psicología cognitiva… Y eso es en lo que estoy trabajando.
Si pudiera tomarse un café con cualquier escritor (vivo o
muerto), ¿a quién elegiría y qué le preguntaría?
Es que, yo tengo un
punto de vista, con respecto al escritor, según el cual todo lo que tienen que
decir lo dicen en el libro. Entonces, no tendría ningún interés especial en
encontrarme con ningún escritor porque no quiero que me diga nada con respecto
a sus libros. Creo que el escritor no es una persona con muchas ideas para
trasladar ni para debatir sobre ellas, sino que es un creador de juegos. Yo
concibo la literatura como un juego, entonces, el texto literario es algo que
me permite jugar. Yo lo interpreto como una guitarra interpreta una pieza, el instrumento
es mi cuerpo, mi mente y mi organismo. Lo que aprecio del escritor es lo que ha
escrito, las reglas del juego que yo voy a jugar [...] Sí que admiro a algunos,
como los clásicos. Me gustan muchas cosas de Borges y de Cortázar. Me parecen
muy valiosas novelas españolas como Tiempo de silencio, por ejemplo; y
originales, como Cinco horas con Mario. De extranjeros, hubo un tiempo
que me gustaban más los franceses, pero ahora me gustan los norteamericanos,
como Foster Wallace o Lorrie Moore.
Respecto al ámbito educativo, ¿Cómo creé que se debería impartir literatura a las nuevas generaciones?
Ya dije que yo concibo
la literatura como un juego, por lo que introducirlo en la enseñanza es un
problema, porque el juego es algo que tienes que hacer de manera voluntaria y
porque produce satisfacción. Entonces, si tú juegas con el objetivo del aula,
que es aprobar, ya no estás jugando, por lo que es contradictorio utilizar la literatura
para algo, ya que la literatura es para disfrutar. lo que hay que hacer, creo
yo, es encontrar métodos para trabajar con la literatura de manera que olvides
que estás trabajando para otra cosa. Lo que hacía en mis últimos años como
docente, era hacer muchas prácticas. También valoraba si el alumno las hacía
según las reglas que yo había puesto, no si estaba bien o mal hecha. Eso los
situaba dentro de la órbita del juego. Y ahí, hacía propuestas muy variadas,
como resumir textos un poco difíciles y que tuvieran aspectos literarios, tanto
en contenido como en la forma [...] Lo que hay que buscar es algo que atraiga
la atención y la concentración. Lo más importante es estar concentrado en lo
que haces y al mismo tiempo disfrutar.
¿Qué consejo le daría a alguien que quiere
dedicarse a la teoría literaria o a la literatura comparada?
Que no se dedique. Francamente le diría que no se dedique al área de teoría. El área de teoría se llama Teoría literaria y Literatura Comparada, ¿qué es la teoría comparada? Yo no lo sé. ¿Por qué se llama literatura comparada? Porque esta área fue muy innovadora en su tiempo, y mucha gente estaba relacionando la literatura con la semiótica. Además, en Francia hubo mucho de literatura, no sé si os suena Todorov, hubo una eclosión de la teoría de la literatura. Entonces, empezó a tener una identidad muy clara, es más, solo había una asignatura en todos los planes de estudio de España llamada crítica de la literatura, y la daba algún profesor descolgado, que no tenía otras que dar. Mucha gente se dedicó a ella sin ser especialista en teoría de la literatura, y daba la literatura sin tener interés en la teoría. Eso corrompió mucho el área, sobre todo a raíz de meter la literatura comparada, que no fue más que un truco para incorporar la historia de la literatura. Así que, le diría que no se olvide de la teoría de la literatura y que la lleve como un impulso, pero que se dedique más a la literatura. [...] Si puedes, dedícate, pero es difícil progresar. En cambio, en la historia, si tienes un espíritu teórico, llegará el momento que puedas dedicarte a cosas parecidas.
¿Cuáles son los principales retos a los que se
enfrenta la literatura comparada en la actualidad?
El
primer y gran problema que tiene el área de la teoría de la literatura es que
es minoritaria. Somos cuatro gatos. Entonces, como todo es democrático las
votaciones las perdemos todas. Por ejemplo, cuando yo era director del
departamento y se hicieron planes nuevos, se nos ocurrió la idea de hacer un
MINOR de comunicación, que tenía como objetivo introducir cosas extrañas. Pero
claro, cuando se hicieron los planes, las asignaturas no eran las que nosotros
hubiéramos propuesto para innovar, sino las que les interesaban a los de
literatura, a los de lengua española. Entonces, había más asignaturas de lengua
española, porque tenían más derecho, más de literatura y menos de comunicación
en sentido estricto. El reto dentro de la universidad es poder hacerse oír,
encontrar aliados. Yo había ideado un máster, que se llamaba Crítica literaria
artística y de espectáculos, y era un máster en el que se combinaba un poco la
literatura española y la crítica literaria con la estética de filosofía, con la
historia del arte, con la música… Pero nunca se puso. Para hacer frente a ese
reto, abogaría por la negociación con diferentes departamentos para innovar, que
es lo que le hace falta a la universidad, que se está muriendo de vieja.
Usted forma parte del grupo LITECOM (Literatura
y tecnologías de la Comunicación), con los que publicó el libro La pantalla
ficticia: literatura y tecnologías de la comunicación, en este hablan sobre
los procesos de transmedialización. En su opinión ¿Cuál cree que es el mejor
ejemplo de narrativa transmedia en este siglo?
Eso
fue hace bastantes años. Además, es una publicación, mi parte, que no está en
versión digital y no está muy difundida. Aunque yo estoy bastante contento con
el resultado. Apenas me acuerdo. De la idea de transmedialización sí que me
acuerdo de un autor que me parecía muy interesante. Pero, me interesé más por
la revelación de la literatura en los medios. Desde mi punto de vista, se puede
decir que ahí la literatura ha triunfado un poco. En ese momento, había mucho
movimiento poético en internet y hoy yo no lo veo, pero igual no lo veo porque
no lo busco. Pero, yo lo que quería en ese trabajo es más que nada poner en
evidencia lo que es la literatura para ver hasta qué punto la transmedialización
lo consigue.
Tiene un libro del cual es coautor junto con Guillermo Lorenzo González titulado: Tres cerditos: uso, significado y metáforas; en el cual mencionan que las metáforas están por todas partes, no solo en la literatura, dado esto ¿Por qué son tan importantes? ¿Cómo pueden estudiarse las metáforas? ¿Cree que son características del discurso literario o especialmente importantes en literatura?
Claro, las metáforas están en todas partes. Yo antes os decía que la
literatura es un juego, y en parte es así, y además, otra idea que defiendo es
que la literatura usa el lenguaje como un medio para hacer cosas. La metáfora
es un ejemplo claro de creación literaria, usas el lenguaje, pero dices algo
diferente a lo que significa la palabra, por lo que tienes que recurrir a otras
cosas para entenderlo. Yo sintetizo mi idea de literatura gracias a un autor
fabuloso, que se llama Carlos Bousoño, con su libro Teoría de la expresión
poética, que dice que hablando de la imagen (metáfora) pone un ejemplo de
una chica brasileña a la que le lanzan un piropo, maracaná, que es un
campo de fútbol en Brasil con una historia impresionante detrás, como cuando
Brasil, siendo favorita, jugó la final de fútbol allí y perdió. Entonces, decir
maracaná es trasladar un montón de sentimientos, adaptándolos a la
situación de una manera metafórica. Pero, muchas veces no nos damos cuenta
porque se van lexicalizando.
¿Cuál es el género literario que más le ha
interesado y por qué?
Yo
creo que el que más me ha interesado, también porque fue mi origen, mi
principio, mi entrada en la teoría de la literatura, es la poesía. De hecho, mi
primer libro se llama así, La poesía. Y, la tesis doctoral la hice sobre
El Polifemo de Góngora. En cierto modo me sigue interesando, pero yo
creo que la poesía va ligada a la música. De hecho, el origen de la poesía
llevaba acompañamiento musical. Pero, primero perdió ese acompañamiento
musical, y luego perdió la métrica, que era la huella del acompañamiento
musical. Luego se mantuvo, sin embargo, cierto impulso musical y con el verso
libre. Pero luego perdió incluso el impulso musical para centrarse más en
ideas, pensamientos reflexivos. La poesía actual ha dejado de interesarme. Esto
no quita que los demás géneros me interesen. Los cuentos, con los autores más
clásicos, las novelas… Me gustan mucho las novelas de mil páginas, pero hay que
tener tiempo para leerlas. Lo que no me gusta nada son los microrrelatos.
¿Qué opina del uso de la historia de la
literatura como única forma de enseñanza de la literatura en las etapas
educativas de la ESO y Bachillerato? ¿Cómo cree que afecta al aprendizaje y al
punto de vista de los estudiantes que optan por estudiar grados relacionados
con la literatura?
Aquí sí soy muy tajante. Yo creo que la literatura debería enseñarse de otra manera, la historia, relativizarla, en todo caso, presentarla en formas esquemáticas, y buscar más la participación, complicando las obras poco a poco empezando incluso por libros sencillos o infantiles. Y, sobre todo, trabajar los textos. En alguna ocasión yo proponía a los alumnos rehacer un cuento. Eso es más interesante. Trabajar la literatura como forma de expresión y no como un conjunto de personas que son venerables porque han escrito grandes obras.
¿Qué hizo que se interesara más por la teoría de
la literatura y la literatura comparada en lugar de la historia de la
literatura, por ejemplo?
Es muy
curioso. Yo aquí creo que fue la bendición de Dios: empecé haciendo un trabajo
en cuarto de carrera que era sobre el orden de palabras en El Polifemo
de Góngora, sobre sintaxis y sintaxis histórica. Al acabar la carrera, tenía
que escoger. Para pedir una beca, mi expediente era bueno, pero no era el
mejor. Ya me interesaba la literatura, pero tenía compañeros con mejores
expedientes, así que continué con el trabajo del Polifemo, el cual le
gustó mucho a mi directora y me sugirió que hiciera la tesis sobre la gramática
del Polifemo. Yo estaba en Santiago, pues soy de Vigo. Cuando quedó aquí
una plaza para crítica literaria, mi directora la solicitó y me vine con ella.
La primera vez que defendí mi tesis, sí que era todo gramática, pero luego en
la publicación fue más teoría de la literatura. Estoy muy contento con mi
trayectoria, porque además conseguí trabajar con relación a muchos temas
paralelos, sobre literatura y deporte, y juego, sobre literatura y música,
sobre literatura y derecho… Me ayudó mucho a tocar temas muy enriquecedores.
¿Barajó más opciones aparte de Profesor
universitario?
No.
Bueno, depende de en qué momento. Una vez que obtuve la beca vi el horizonte
claro. Al acabarla enseguida entré de profesor, ya no me dio tiempo. De hecho,
yo me jubilé hace tres años, pero podía haberme jubilado hace trece años,
porque en la universidad te permitían jubilarte y cobrar la pensión. Y pensé, “¿A
qué me dedico?” Bueno, pues podía estudiar derecho, que siempre me gustó y
era lo que quería mi padre que estudiara, o psicología, que también lo pensé
alguna vez. Pero la verdad, una vez aquí como profesor, fue muy satisfactoria
mi carrera como profesor, no tengo ningún momento de duda.
¿Cuál es la parte que más le gusta de su trabajo?
Lo que más me gusta es dar clase. La investigación también me gusta mucho, sobre todo porque la puedes relacionar con otras cosas. Dar clase me gusta, aunque depende. A veces hay grupos de estudiantes a los que no te apetece dar clase. Creo que, en los últimos años, solo un año estuve disgustado con un curso que era muy soso. En ese sentido, dar clase me gustaba y me agotaba, pues en las clases prácticas tienes que estar muy pendiente de lo que dicen los alumnos para responder. Y la investigación también me gusta; así como no me cuesta hablar de lo que sé, en cambio escribir sí, entonces noto mucho el esfuerzo de escribir, y aunque me gusta, lo que más disfruto es dar clase.
¿Cree que las nuevas generaciones están perdiendo
interés en la literatura?
No. Yo
creo que lo que ocurre es que, hasta hace pocos años el número de lectores era
muy bajo y el número de publicaciones era escaso. Cuando era niño, hace sesenta
años, se publicaban muy pocas cosas, y había mucho analfabeto. No se leía nada,
porque no se sabía leer. Luego con la implosión de los medios y la
multiplicación de las editoriales se empezó a leer mucho más, pero ¿qué se lee?
Mucha basurilla. La gente a la que le interesa la literatura representa el
mismo porcentaje que siempre. Ahora hay muchos que leen otras cosas, y quizás
esos sean los que abandonen la literatura para ver series o películas.
¿Cuál ha sido el libro con el que más
cómodo se ha sentido trabajando?
Quizá me quede con el que tiene más
difusión, que es el de La poesía. En ese libro en el que conseguí
unificar todo lo que yo antes daba y era una especie de batiburrillo, y ahí
quedó muy unido.
Entrevista realizada por Candela Busto, Elizabeth Bedoya y Salma Iglesias.


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